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martes, 27 de octubre de 2026

Contenidos potencialmente dañinos, discursos de odio, autolesiones y ciberbullying: riesgos de las experiencias digitales de niños, niñas y adolescentes, según EU Kids Online 2026

 La exposición a contenidos potencialmente perjudiciales, el ciberbullying, los discursos de odio y las dificultades para gestionar el tiempo conectado forman parte de las experiencias digitales de una proporción relevante de niños, niñas y adolescentes. En 19 países europeos, el 37% ha encontrado contenidos sobre formas de autolesionarse, el 25% sobre suicidio y el 39% sobre formas de estar muy delgado/a. En España, concretamente, el 26,6% afirma haber sufrido acoso cara a cara y el 10,4% online, mientras que la exposición a contenidos sobre autolesiones, suicidio, extrema delgadez, retos peligrosos o teorías conspirativas alcanza también a una parte significativa de los y las menores.

Así lo recoge el nuevo informe comparativo The EU Kids Online 2026, publicado por la Universidad de Oslo y la London School of Economics and Political Science (LSE) en el marco de la red de investigación EU Kids Online, basado en las respuestas de 28.465 niños, niñas y adolescentes de 10 a 16 años de 19 países europeos, recogidas entre abril de 2025 y abril de 2026. En este marco, el equipo de EU Kids Online de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU), dentro del proyecto SIC-Spain 4.0, ha publicado también el informe nacional, que recoge los resultados específicos sobre las experiencias digitales de 2.596 menores españoles de entre 10 y 16 años.

Infocop ha querido recoger los principales resultados de ambos informes, con el objetivo de ofrecer una radiografía más amplia de las experiencias digitales de la infancia y la adolescencia, poniendo en perspectiva la situación en España con respecto al contexto europeo.

Fuente: Magnific. Autoría: nensuria. Descarga: 30/09/26..
Una infancia digital diversa y profundamente conectada.

Una de las principales conclusiones del análisis europeo es que no existe una única infancia digital europea. Las diferencias entre países son importantes y la edad constituye uno de los factores que más consistentemente se relaciona con el acceso, las actividades, las competencias y la exposición a determinados riesgos. Las desigualdades socioeconómicas también atraviesan buena parte de las experiencias analizadas.

El smartphone se ha consolidado como la principal puerta de entrada a Internet: el 87% de los y las menores de los 19 países analizados lo utiliza al menos diariamente. Las actividades digitales están plenamente integradas en sus relaciones, entretenimiento y aprendizaje: el 78% se comunica diariamente con amistades, el 74% ve vídeos en redes sociales y el 38% utiliza Internet a diario para tareas escolares. Alrededor de dos de cada tres utilizan también inteligencia artificial generativa de forma habitual.

Estar conectados no significa estar digitalmente capacitados.

Sin embargo, disponer de acceso no implica necesariamente contar con las competencias necesarias para desenvolverse críticamente en el medio digital. Los y las menores muestran mayores habilidades técnicas y comunicativas que competencias relacionadas con la evaluación de la información, la comprensión del funcionamiento de los algoritmos o la creación de contenidos. Uno de los principales mensajes del informe es, precisamente, que estar conectado no equivale automáticamente a estar digitalmente capacitado.

De forma específica, en España, el uso diario del smartphone se sitúa en el 67,9%, aunque aumenta desde, aproximadamente, el 37% entre los 10 y 12 años hasta superar el 90% entre las chicas adolescentes. El 51,7% utiliza Internet diariamente para realizar tareas escolares y el 31,9% para aprender algo nuevo. Además, el 7,7% busca diariamente información sobre salud mental.

Salud mental, rendimiento académico y otras preocupaciones.

Las principales preocupaciones de los niños, niñas y adolescentes europeos no se circunscriben al ámbito digital. El 51% está bastante o muy preocupado/a por que una persona de su familia enferme gravemente o muera, el 39% por su rendimiento escolar y el 38% por no conseguir el trabajo que desea en el futuro. El 36% manifiesta preocupación ante la posibilidad de que una guerra afecte a su vida.

La salud mental ocupa también un lugar destacado: alrededor del 30% está bastante o muy preocupado/a por su propia salud mental, mientras que el 26% manifiesta preocupación por sufrir bullying o acoso.

Las desigualdades socioeconómicas resultan especialmente relevantes. Entre los y las menores pertenecientes al grupo socioeconómico más desfavorecido, el 47% se preocupa por su salud mental, frente al 26% del grupo más favorecido. Una diferencia similar aparece ante la posibilidad de sufrir bullying o acoso: 41% frente al 22%, respectivamente. El informe destaca la consistencia de este patrón y señala que los niños y las niñas de entornos menos favorecidos soportan una mayor carga de preocupación en todos los ámbitos examinados.

Casi uno de cada cuatro menores europeos experimenta malestar online cada mes.

Las experiencias que generan malestar online también son frecuentes. El 23% de los y las menores de los 19 países declara haberse sentido molesto/a o afectado/a por algo sucedido en Internet al menos una vez al mes, frente al 7% registrado en la encuesta anterior. Solo el 48% afirma sentirse seguro o segura online.

Cuando ocurre alguna experiencia negativa, el 43% habla con amigos o amigas, el 35% con sus progenitores o cuidadores y alrededor de uno de cada cinco no se lo cuenta a nadie.

En España, concretamente, el 10,1% señala experimentar al menos una vez al mes alguna situación online que le ha hecho sentirse molesto/a, incómodo/a, triste o asustado/a, y otro 8,8% afirma que esto le sucede una vez a la semana o más. Por tanto, casi uno de cada cinco experimenta este tipo de situaciones al menos mensualmente.

Entre los y las menores españoles/as que han vivido alguna experiencia negativa, las amistades son la principal fuente de apoyo: el 61,1% habla con amigos o amigas de su edad y el 56,5% recurre a su madre o padre. Sin embargo, el 23,7% no se lo cuenta a nadie, mientras que el 8,2% habla con el profesorado y solo el 3,4% con una persona profesional cuyo trabajo consiste en ayudar a niños y niñas.

Estos indicadores expresan malestar ante experiencias digitales y no constituyen medidas clínicas de ansiedad o depresión. De hecho, el informe español no proporciona estimaciones de prevalencia de estos trastornos.

El acoso cara a cara continúa siendo más frecuente que el ciberbullying.

En el conjunto de los países europeos analizados, el 39% afirma haber recibido un trato hiriente o desagradable durante el último año. Las experiencias cara a cara siguen siendo más frecuentes que las online: 29% frente al 17%, respectivamente. Amistades, compañeros y compañeras de clase y otros/as menores del entorno escolar aparecen con mayor frecuencia como responsables, mostrando la continuidad existente entre las relaciones presenciales y digitales.

En España, esta relación resulta especialmente clara. El 26,6% declara haber sufrido acoso cara a cara y el 10,4% online. Entre los y las adolescentes, las diferencias por género son destacadas: entre los 13 y 16 años, el acoso presencial alcanza al 36,1% de las chicas frente al 22,1% de los chicos, mientras que el online afecta al 16,1% y al 10,7%, respectivamente.

Además, la mayoría de quienes sufren ciberbullying también ha experimentado acoso presencial. El informe español concluye por ello que el ciberbullying no debe considerarse únicamente un “problema digital”, sino una cuestión de educación y convivencia que requiere prevención y apoyo desde los centros educativos.

Esta continuidad se observa también en los datos españoles, al preguntar quién ejerce el maltrato: las amistades son señaladas en el 55,3% de los casos y los compañeros y compañeras de clase o del centro educativo en el 43,8%.

Autolesiones, suicidio, extrema delgadez, drogas y violencia.

Uno de los ámbitos que suscita especial preocupación es la exposición a contenidos potencialmente perjudiciales generados por otras personas usuarias. En los 19 países europeos, el 40% ha encontrado imágenes violentas o sangrientas, el 39% contenidos sobre formas de estar muy delgado/a y el 37% materiales sobre formas de hacerse daño físicamente. Además, el 36% ha encontrado retos o desafíos que podrían herir gravemente o matar a alguien, el 33% contenidos sobre experiencias de consumo de drogas y el 25% contenidos relacionados con formas de suicidarse.

En el caso específico de las autolesiones, el 15% encuentra estos contenidos al menos una vez al mes, mientras que el 62% afirma no haberlos visto nunca. La exposición aumenta de forma importante con la edad.

El informe introduce aquí una cautela fundamental: la exposición a un riesgo no equivale necesariamente a sufrir un daño. Los datos indican que los y las menores han encontrado determinados contenidos, pero no permiten conocer cómo los interpretaron ni determinar que esa exposición provocara una consecuencia negativa.

Exposición a contenidos sobre autolesiones, suicidio y delgadez extrema en España.

Por su parte, en nuestro país, entre los y las participantes de 11 años o más, el 21,2% ha encontrado esporádicamente contenidos sobre formas de lesionarse o autolesionarse y el 5,4% habitualmente. En cuanto a contenidos sobre formas de suicidarse, los porcentajes son del 11,8% y el 3,4%, respectivamente. El informe español señala que, aunque la exposición habitual es menos frecuente, su impacto potencial sobre la salud mental adolescente es especialmente preocupante.

Los contenidos que muestran formas de alcanzar una extrema delgadez o promueven trastornos alimentarios aparecen esporádicamente para el 19,6% de los niños, las niñas y los/as adolescentes españoles/as y, habitualmente, para el 6,1%, lo que supone un 25,7% considerando ambas categorías. Además, existen diferencias por género: la exposición habitual alcanza al 9% de las chicas frente al 3,3% de los chicos.

Retos peligrosos, drogas y teorías conspirativas.

En España, el 27,9% ha encontrado esporádicamente imágenes sangrientas o violentas y el 5,5% habitualmente. Los retos que pueden herir gravemente o matar a alguien han sido vistos esporádicamente por el 26,6% y habitualmente por el 7,6%. Los contenidos relacionados con experiencias de consumo de drogas alcanzan al 20,5% de forma esporádica y al 5,2% habitualmente. Por su parte, las teorías conspirativas han llegado esporádicamente al 23,6% y habitualmente al 10,3%.

El informe español indica que la exposición habitual aumenta con la edad en muchas de estas categorías. Entre los 15 y 16 años alcanza el 14,1% para las teorías conspirativas, el 10,1% para los retos peligrosos, el 8,9% para contenidos sobre consumo de drogas y el 6,6% para autolesiones.

Un elemento importante para interpretar estos resultados nacionales es que gran parte de la exposición no es deliberada: entre quienes han encontrado contenidos potencialmente dañinos, el 76,2% no tenía intención de verlos, frente al 23,8% que sí accedió a ellos intencionadamente.

Los discursos de odio alcanzan a más de la mitad de los y las menores en España.

Los discursos de odio constituyen otro de los riesgos destacados. En el conjunto de los 19 países, alrededor de tres de cada diez menores encuentran mensajes de odio al menos una vez al mes, y aproximadamente la mitad manifiesta haberse sentido molestos/as o afectados/as por el último mensaje de este tipo que vio. La exposición aumenta claramente con la edad.

En España, el 52,5% ha visto mensajes de odio o degradantes: el 36,9% de forma esporádica y el 15,6% habitualmente. La exposición aumenta considerablemente con la edad y llega aproximadamente al 77% entre los 15 y 16 años. Además, se trata mayoritariamente de una exposición no buscada: solo el 8% afirma que tenía intención de ver el último contenido de odio encontrado, frente al 92% que no pretendía hacerlo. Entre quienes estuvieron expuestos, el 56,8% se sintió molesto en algún grado: el 25,3% un poco, el 17,4% bastante y el 14,1% muy molesto/a.

Ansiedad o frustración por el tiempo conectado.

Los resultados europeos muestran también un incremento desde 2020 en determinados indicadores de uso excesivo de Internet. Sin embargo, los autores y autoras llaman a interpretar este aumento con cautela: procede principalmente de aspectos relacionados con la sensación de haber desperdiciado online un tiempo que podría haberse dedicado a otras actividades y no tanto de consecuencias más problemáticas, como la privación de sueño o los conflictos familiares.

El informe plantea que este incremento podría reflejar una mayor concienciación social sobre el tiempo conectado y, con ella, ansiedad o frustración por la cantidad de tiempo que se pasa online, en lugar de un aumento equivalente de la sustitución de otras actividades o relaciones por actividades digitales.

Asimismo, el estudio comparativo europeo especifica que no analiza la vulnerabilidad psicológica, aunque señala que investigaciones previas la han identificado claramente como un importante predictor del uso excesivo de Internet. La edad también resulta relevante: la presencia de al menos un indicador de uso excesivo aumenta del 27% entre los 10 y 11 años al 34% entre los 12 y 14 y al 48% entre los 15 y 16 años.

Las desigualdades socioeconómicas vuelven a aparecer entre los 19 países analizados: el 47% de los y las menores de nivel socioeconómico bajo experimenta al menos un aspecto de uso excesivo, frente al 39% del nivel medio y el 35% del nivel alto.

Sueño, relaciones familiares y rendimiento escolar.

En España, el 19% de los niños, las niñas y los/as adolescentes afirma haber intentado habitualmente reducir el tiempo online sin conseguirlo, mientras que el 12,3% reconoce pasar menos tiempo con la familia, las amistades o realizando tareas escolares debido a Internet. El 10,3% se siente molesto/a cuando no puede conectarse, el 9,4% considera que el tiempo que pasa online le causa problemas y el 8,3% tiene conflictos con familiares o amistades por este motivo. Un 3,7% señala haber dejado de comer o dormir por permanecer conectado.

Estas dificultades aumentan con la edad. Entre los 15 y 16 años, el 19,1% reconoce habitualmente pasar menos tiempo con familiares y amistades o realizando tareas escolares por estar en Internet, mientras que el 21% ha intentado sin éxito reducir su uso.

Asimismo, el uso de pantallas se prolonga hasta los momentos destinados al descanso: en nuestro país, el 48,9% utiliza diariamente pantallas antes de acostarse, el 18,1% después de haberse acostado y el 14,2% durante la noche. El informe español advierte de que este hábito puede repercutir en la gestión del tiempo, la conciliación del sueño y el descanso.

Con relación a la atención, el 61,1% considera que termina el trabajo que está realizando y que su atención es buena, mientras que el 35,3% afirma distraerse fácilmente y tener dificultades para concentrarse. Esta última percepción aumenta con la edad y llega al 47% entre los 15 y 16 años.

La inteligencia artificial entra también en el terreno de la salud y las preocupaciones personales

La expansión de la inteligencia artificial generativa introduce otro ámbito de interés. En el estudio europeo, alrededor de dos de cada tres menores utilizan regularmente estas herramientas. Entre sus usos aparecen también cuestiones personales: el 15% utiliza IA generativa para hablar sobre salud física o ejercicio y el 14% para conversar con un chatbot sobre aquello que le preocupa.

El informe comparativo europeo señala que todavía existen importantes interrogantes acerca de las consecuencias de estas tecnologías para el aprendizaje, el desarrollo cognitivo y psicológico, el bienestar y los derechos de la infancia y la adolescencia, y apunta a la necesidad de seguir investigando en qué circunstancias el uso de IA para obtener asesoramiento sobre salud mental o relaciones interpersonales puede resultar beneficioso.

En España se observa igualmente esta incorporación de la IA a cuestiones sensibles. El 9,2% de los y las menores españoles y españolas afirma haberla utilizado durante el último mes para hablar sobre sus preocupaciones y recibir consejos, porcentaje que alcanza el 14,2% entre las chicas de 13 a 16 años. Otro 9,4% la utiliza para hablar y obtener recomendaciones sobre salud física.

Reforzar las competencias digitales sin confundir riesgo y daño.

En conjunto, EU Kids Online 2026 dibuja una realidad digital compleja en la que las oportunidades de aprendizaje, comunicación y participación conviven con experiencias de acoso, exposición a contenidos potencialmente perjudiciales, discursos de odio y situaciones que generan malestar.

Los resultados apuntan también a la importancia de las competencias críticas. En España, solo el 39% afirma saber comprobar si la información que encuentra online es verdadera y el 39,1% si puede confiar en un sitio web, unas habilidades especialmente relevantes ante la exposición a desinformación, teorías conspirativas y discursos de odio.

En conjunto, ambos informes insisten en evitar interpretaciones simplistas de las experiencias digitales de la infancia y la adolescencia. La exposición a un riesgo no equivale necesariamente a sufrir un daño, del mismo modo que disponer de habilidades digitales no elimina todos los riesgos. Comprender la experiencia digital de niños, niñas y adolescentes requiere considerar conjuntamente las oportunidades, las competencias, las desigualdades, la seguridad y el bienestar, así como el papel de las familias, los centros educativos y las plataformas.


Fuentes.

Staksrud, E., Helsper, E., Livingstone, S., Lobe, B., Mascheroni, G., Stoilova, M., & Ólafsson, K. – with members of the EU Kids Online network. (2026). The EU Kids Online 2026 comparative study: Children’s views, experiences, opportunities and risks in a digital world. Full findings from the EU Kids Online representative survey of 10- to 16-year-olds across 19 countries. Report n.º 3. University of Oslo and London School of Economics and Political Science. DOI: https://doi.org/10.21953/researchonline.lse.ac.uk.00140901

Garmendia, M., Martínez, G., Larrañaga, N., Casado, M.A., Jiménez, E., Olveira, R. & Castro I. (2026). EU Kids Online V: experiencias digitales de la infancia y la adolescencia en España. Resultados de la encuesta EU Kids Online V a menores de 10 a 16 años en España (2026).

Comunicación familiar, normas y ejemplo parental para prevenir el consumo de alcohol y vapeadores en adolescentes

 La comunicación abierta, el establecimiento de normas y límites claros, la educación para la toma de decisiones y el propio comportamiento de las personas adultas constituyen elementos fundamentales para prevenir o retrasar el consumo de alcohol y vapeadores durante la adolescencia. La prevención desde el ámbito familiar no pasa únicamente por advertir de los riesgos asociados a estas sustancias, sino también por acompañar a los hijos e hijas para que aprendan a tomar decisiones autónomas frente a la influencia del grupo, favorecer un clima de confianza en el que puedan hablar de sus experiencias y mantener una actitud coherente entre aquello que se transmite y lo que se hace.

Así lo recoge la Guía de sensibilización para familias sobre alcohol y vapeadores, elaborada por la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnado (CEAPA), y financiada por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas del Ministerio de Sanidad. El objetivo de este documento es brindar a las familias información, recursos y estrategias para abordar estas sustancias en el hogar, evitar o retrasar su consumo y orientar la actuación familiar cuando este ya se ha iniciado. Asimismo, propone revisar la propia relación de las personas adultas con el alcohol y los vapeadores y promover acciones preventivas desde las asociaciones de familias.

La adolescencia, una etapa especialmente relevante para la prevención.

La guía parte de la elevada presencia social del alcohol y los vapeadores y de su accesibilidad para la población adolescente. En el caso del alcohol, señala factores como su arraigo cultural, la normalización de su consumo en celebraciones y espacios de ocio, su amplia disponibilidad y una percepción del riesgo inferior a la que correspondería atendiendo a sus posibles consecuencias.

En relación con los vapeadores o cigarrillos electrónicos, el documento advierte de su estética atractiva, la diversidad de sabores y formatos y su facilidad de acceso, aspectos que pueden favorecer su experimentación entre adolescentes. Algunos dispositivos, además, incorporan nicotina, sustancia altamente adictiva cuya exposición durante una etapa en la que el cerebro continúa desarrollándose puede afectar, según la guía, a la atención, el control de los impulsos y la regulación emocional, además de favorecer la dependencia.

Precisamente, el documento insiste en desmontar la percepción del vapeo como una práctica inocua. Lo que se inhala no es simplemente vapor de agua, sino un aerosol formado por partículas y sustancias químicas, algunas de las cuales pueden alcanzar profundamente los pulmones. La guía recoge problemas en las vías respiratorias, exposición a partículas finas, nicotina y otros compuestos tóxicos, así como la presencia potencial de sustancias cancerígenas en determinados líquidos y aerosoles.

En cuanto al alcohol, además de la posibilidad de desarrollar dependencia, se recuerda su relación con diferentes problemas psicológicos y alteraciones del sistema nervioso central, entre ellas, dificultades en la memoria, la toma de decisiones y el control de los impulsos. Sus consecuencias pueden extenderse también al rendimiento académico, los accidentes, las conductas violentas o determinadas situaciones sexuales de riesgo.

Foto: Magnific. Descarga: 11/09/26.
Enseñar a decidir frente a la influencia del grupo.

Uno de los aspectos a los que la guía concede mayor importancia es la educación para la toma de decisiones. Durante la adolescencia, el grupo de iguales adquiere una relevancia creciente y tanto el alcohol como los vapeadores pueden estar presentes en los espacios de socialización. La presión no tiene por qué adoptar la forma de una invitación explícita: puede aparecer a través de la imitación, del deseo de pertenecer al grupo, del miedo al rechazo o de la percepción de que consumir resulta atractivo o divertido.

Por este motivo, la prevención puede trabajarse mucho antes de que aparezca una situación concreta de consumo. Se trata de ayudar a los y las adolescentes a preguntarse qué quieren hacer realmente, valorar no solo la gratificación inmediata sino también las posibles consecuencias y aprender a mantener una decisión diferente de la del grupo sin generar necesariamente un conflicto.

Un ejemplo práctico sería aprovechar una situación cotidiana —una serie, una noticia o una conversación sobre una fiesta— para plantear: «Si tus amigos están vapeando y te ofrecen probarlo, pero tú no quieres, ¿qué podrías decir para mantener tu decisión sin sentir que tienes que justificarte?». El objetivo no sería proporcionar una respuesta prefabricada, sino ensayar estrategias de afrontamiento y favorecer la autonomía. La propia guía señala que este aprendizaje puede resultar útil cuando el o la adolescente tenga una bebida alcohólica cerca o alguien le ofrezca un vapeador.

Normas claras, razonables y coherentes.

La prevención familiar requiere también establecer límites. Estos deben ser claros, para evitar interpretaciones diferentes; razonables y adecuados a la edad y situación; y estar explicados y justificados. Es importante, además, mantener la coherencia: puede resultar tan problemático que no existan normas como que se establezcan límites que después no tienen consecuencias cuando se incumplen.

Siempre que sea posible, las consecuencias deberían conocerse de antemano, guardar relación con la norma incumplida y ser proporcionales. El documento recomienda que normas y consecuencias puedan pactarse y consensuarse entre ambas partes.

Por ejemplo, ante una salida nocturna, la conversación puede concretar previamente la hora de regreso, cómo volverá a casa, qué hacer si la persona encargada de conducir ha bebido y cómo contactar con la familia ante un problema. Establecer estas cuestiones antes de la salida permite trasladar la conversación desde una prohibición genérica hacia situaciones concretas en las que el/la adolescente tendrá que tomar decisiones.

Hablar es importante, pero escuchar también.

La guía dedica especial atención al clima de confianza familiar. Si se pretende que los hijos e hijas expliquen lo que hacen, los posibles consumos o los problemas que hayan experimentado, necesitan percibir que podrán hablar sin que la primera respuesta sea exclusivamente de juicio o recriminación. Esto no implica aprobar el consumo ni renunciar a los límites, sino mantener abierta la comunicación necesaria para orientar y acompañar.

Así, si un adolescente cuenta que ha bebido demasiado en una fiesta, respuestas como «ya te lo advertí» o «tú te lo has buscado» pueden dificultar que vuelva a pedir ayuda. La guía advierte precisamente de que sentirse duramente juzgado puede llevar a interrumpir la comunicación y ocultar posteriores dificultades relacionadas con el consumo.

Una alternativa práctica consiste en atender primero a lo sucedido —«¿qué pasó?, ¿cómo te encontraste?, ¿qué crees que hizo que acabaras bebiendo tanto?»— y abordar posteriormente las normas, las consecuencias y las estrategias para evitar que vuelva a ocurrir. De esta forma, escuchar no sustituye a la función educativa, sino que permite ejercerla con mayor conocimiento de la situación.

Hablar «en tercera persona» para facilitar conversaciones difíciles.

Entre las estrategias más concretas que propone el documento destaca hablar en tercera persona. La idea consiste en abordar situaciones de consumo sin preguntar directamente al hijo o hija por su comportamiento, utilizando como referencia lo que podría suceder a una amistad o a otra persona de su edad. Esto permite transmitir información y debatir sobre riesgos preservando, al mismo tiempo, cierta intimidad.

La propia guía ofrece un ejemplo: una madre puede partir de que su hija afirma tener claro que no quiere beber y preguntarle qué podría hacer una amiga que sí consume para evitar beber en exceso y acabar vomitando o sufriendo una intoxicación grave.

El mismo planteamiento puede trasladarse al vapeo: «Imagina que una amiga empieza a llevar siempre un vapeador con nicotina y cada vez lo utiliza más. ¿Qué señales te harían pensar que está empezando a depender de él?». De esta manera, se introduce información preventiva sin convertir necesariamente la conversación en un interrogatorio sobre la conducta personal.

El comportamiento de las personas adultas también educa.

Otro de los ejes fundamentales la familia como modelo de conducta. A medida que los niños y niñas crecen, las acciones de las personas adultas adquieren un peso creciente frente a sus palabras. Por ello, pedir que no se vapee mientras se utiliza habitualmente un cigarrillo electrónico, o advertir sobre los riesgos del alcohol mientras se mantienen conductas de consumo problemáticas, puede restar credibilidad al mensaje preventivo.

La propuesta, sin embargo, no exige presentar modelos adultos perfectos. También puede ser educativo reconocer contradicciones, asumir comportamientos inadecuados y pedir ayuda cuando sea necesario. La guía pone como ejemplo admitir responsablemente una conducta inapropiada después de haber bebido demasiado, en lugar de negarla o justificarla, o explicar desde la propia experiencia las dificultades asociadas a la dependencia de la nicotina.

¿Qué hacer si el consumo ya ha comenzado?

Cuando un hijo o una hija ya ha empezado a consumir, es recomendable evitar respuestas basadas únicamente en la dicotomía entre «consume» y «no consume» y atender a la sustancia, el contexto y las características de la persona. No implica el mismo nivel de riesgo una experimentación puntual que un consumo frecuente y en solitario, ni una situación ocasional que llevar permanentemente un dispositivo con nicotina y utilizarlo de manera continuada.

Este enfoque permite observar cambios relevantes: por ejemplo, que el vapeo haya pasado de producirse ocasionalmente con el grupo a realizarse a diario y a escondidas, o que beber haya dejado de limitarse a determinadas celebraciones y empiece a aparecer entre semana o asociado sistemáticamente a cualquier salida. La guía sostiene que lo más saludable es no consumir, pero incorpora también orientaciones dirigidas a reducir riesgos cuando el consumo se produce.

En el caso del alcohol, recomienda, entre otras cuestiones, evitar mezclar distintos tipos de bebidas, no tomar como referencia a personas con mayor tolerancia, saber detener el consumo antes de perder el control, no conducir ni subir a un vehículo conducido por alguien intoxicado y extremar la prudencia durante momentos personales difíciles.

Las AMPA, otro espacio para la prevención.

Finalmente, la guía amplía la prevención más allá del hogar y destaca el papel que pueden desempeñar las asociaciones de madres y padres de alumnado (AMPA).

También se propone incorporar de manera estable la prevención dentro del aula, combinando la participación del profesorado con profesionales expertos/as. Concretamente, la guía señala 2.º de ESO como un curso adecuado para abordar los vapeadores y 3.º o 4.º de ESO para trabajar sobre el alcohol.


Se puede acceder a la guía desde la página web de la CEAPA o bien directamente aquí.

lunes, 21 de septiembre de 2026

Prevención del suicidio en la infancia y la adolescencia: recomendaciones prácticas para familias y profesionales


La conducta suicida en la infancia y la adolescencia constituye un grave problema de salud pública que exige una respuesta coordinada, rigurosa y basada en la evidencia. Con el objetivo de ofrecer orientación clara y accesible, la Fundación ANAR ha publicado la guía «Cómo prevenir y actuar ante el intento de suicidio de un/a menor de edad», dirigida tanto a familias como a profesionales que trabajan con niños, niñas y adolescentes. El documento recoge definiciones clave, señales de alerta, factores de riesgo, mitos frecuentes y recomendaciones prácticas de prevención e intervención, con un enfoque centrado en la detección precoz, el acompañamiento emocional y la protección de la vida.

La conducta suicida en menores.

La guía parte de una delimitación conceptual de la conducta suicida, definiendo el suicidio como «un acto intencionado de autolesión con resultado de muerte», mientras que la conducta suicida engloba un espectro más amplio que incluye pensamientos, ideación, planificación e intentos de suicidio. En este sentido, el documento subraya que la ideación suicida en niños, niñas y adolescentes se refiere a pensamientos acerca de causarse daño a sí mismos, y que no siempre deriva en una conducta suicida consumada, aunque sí constituye un importante indicador de riesgo que nunca debe minimizarse.

La guía señala que la conducta suicida es un fenómeno complejo y multidimensional. No responde a una única causa, sino a la interacción de factores emocionales, conductuales, sociales y contextuales. Desde esta perspectiva, se destaca que el suicidio tiene una dimensión emocional —vinculada a sentimientos como tristeza intensa, desesperanza, culpa o vergüenza—, una dimensión conductual —relacionada con la ideación, los intentos o las autolesiones— y una dimensión existencial, asociada a la vivencia de pérdida de sentido vital o sufrimiento psicológico profundo.

Fuente: freepik. Autoría: jcomp. Descarga: 12/07/24.

Factores de riesgo y componentes de la ideación suicida.

Entre los factores de riesgo, la guía identifica la ideación suicida en la adolescencia como uno de los principales predictores de intentos de suicidio posteriores. Asimismo, advierte de que los síntomas depresivos y de ansiedad, especialmente, cuando se combinan con impulsividad, comportamientos agresivos o consumo de alcohol, incrementan significativamente el riesgo. También se mencionan experiencias adversas en la infancia, como el abuso, el acoso escolar, la violencia, el estrés postraumático o la falta de control de impulsos, que pueden aumentar la vulnerabilidad psicológica y la probabilidad de ideación suicida.

El documento describe los componentes de la ideación suicida diferenciando entre aspectos internos —pensamientos, deseos y emociones— y externos —acciones o conductas observables—. Entre los primeros, se incluyen sentimientos de soledad, inutilidad, desesperanza, culpa o la percepción de ser una carga para los demás. En el plano conductual, la ideación puede traducirse en autolesiones, verbalizaciones sobre la muerte o cambios significativos en el comportamiento habitual del menor.
Señales de riesgo: indicadores a los que prestar atención.

Uno de los apartados centrales de la guía se dedica a las señales de riesgo de la ideación suicida. ANAR insiste en la importancia de observar cambios bruscos y persistentes en el estado de ánimo, como tristeza intensa, irritabilidad, apatía o ansiedad elevada. También se incluyen señales como el retraimiento social, la disminución del contacto con iguales, el abandono de actividades placenteras o el rechazo a compartir información personal.

La guía advierte igualmente sobre manifestaciones somáticas frecuentes, como alteraciones del sueño, problemas de alimentación, dolores físicos recurrentes sin causa médica aparente o fatiga constante. Otros indicadores relevantes son la bajada del rendimiento académico, la pérdida de interés por las tareas escolares, la impulsividad, la realización de conductas de riesgo y la aparición de autolesiones o verbalizaciones previas de ideación suicida. Regalar objetos personales, despedirse de manera inusual o mostrar una preocupación constante por la muerte son señales que requieren una intervención inmediata.
Recomendaciones para las familias: acompañar, escuchar y proteger.

La guía subraya el papel fundamental de la familia en la prevención de la conducta suicida. Reconoce que la infancia y la adolescencia son etapas de especial vulnerabilidad, marcadas por cambios emocionales, cognitivos y sociales que pueden generar una elevada carga de estrés. En este contexto, ANAR recomienda a madres, padres y cuidadores fomentar una comunicación abierta y basada en la escucha activa.

Entre los consejos preventivos, se insiste en hablar con el/la menor de manera directa y sin rodeos sobre cómo se siente, incluso cuando existen sospechas de ideación suicida. Lejos de aumentar el riesgo, preguntar de forma clara y empática puede aliviar el malestar y favorecer que el niño, la niña o el/la adolescente se sienta comprendido/a. La guía recomienda validar las emociones expresadas, evitando minimizar el sufrimiento o recurrir a frases tranquilizadoras que puedan resultar invalidantes.

Asimismo, se aconseja mostrar disponibilidad emocional, transmitir apoyo incondicional y reforzar la idea de que los problemas, por graves que parezcan, pueden abordarse con ayuda. Crear rutinas estables, favorecer espacios de confianza y reducir situaciones de conflicto familiar son estrategias que pueden contribuir a generar un entorno protector.
Cómo actuar ante la ideación suicida.

Cuando existe una sospecha clara de ideación suicida, la guía es contundente: la prioridad absoluta es la seguridad del menor. En este sentido, recomienda no dejarle solo y, si el riesgo es inminente, contactar de inmediato con los servicios de emergencia o acudir a un centro sanitario. Buscar apoyo profesional especializado es un paso imprescindible, ya que la intervención temprana puede marcar la diferencia.

En el ámbito familiar, se aconseja comunicar al menor que se va a buscar ayuda para protegerle, evitando transmitir mensajes de culpa o reproche. La guía señala la importancia de retirar o limitar el acceso a medios potencialmente peligrosos y de supervisar de manera constante, principalmente, en momentos de mayor vulnerabilidad emocional.

También se recomienda fomentar actividades positivas y de autocuidado que ayuden a reducir el aislamiento y a mejorar el estado de ánimo, siempre como complemento —y nunca como sustituto— de la atención profesional. La paciencia y la comprensión resultan esenciales, ya que el proceso de recuperación puede ser largo y no exento de altibajos.

Mitos sobre la conducta suicida: desmontar creencias erróneas.

La guía dedica un amplio apartado a desmontar mitos que dificultan la prevención. Uno de los más extendidos es la creencia de que hablar del suicidio puede inducirlo. ANAR aclara que, por el contrario, hablar abiertamente y con responsabilidad es una de las principales herramientas preventivas, ya que el silencio y el aislamiento pueden agravar el riesgo.

Otro mito frecuente es considerar el suicidio exclusivamente como un problema de salud mental. El documento enfatiza que se trata de un fenómeno social y de salud pública, en el que influyen múltiples factores, y cuya prevención requiere la implicación de toda la comunidad. También se rechaza la idea de que la conducta suicida sea hereditaria o que solo afecte a determinados grupos, recordando que puede aparecer en cualquier contexto social y a cualquier edad.

La guía desmiente igualmente que las personas que expresan ideación suicida busquen únicamente llamar la atención o que el suicidio sea siempre un acto impulsivo e imprevisible. Conocer las señales de alerta y actuar a tiempo puede prevenir muchas situaciones de riesgo.
Recomendaciones para profesionales en el entorno escolar.

El entorno escolar ocupa un lugar central en la detección precoz y la prevención. Fundación ANAR recomienda difundir las líneas de ayuda y recursos disponibles tanto en los centros educativos como en los sanitarios, de manera que el alumnado y las familias sepan a dónde acudir en caso de necesidad.

La guía insta a los centros a aplicar los protocolos establecidos por la ley y a crear espacios seguros donde niños, niñas y adolescentes puedan expresar su malestar emocional sin miedo al estigma. Asimismo, se destaca la importancia de la coordinación entre profesorado, orientadores, equipos directivos y servicios externos, así como la necesidad de mantener una comunicación fluida con las familias.

La formación del personal educativo en detección de señales de riesgo, gestión emocional y actuación ante una ideación suicida es otro de los ejes fundamentales del documento. Facilitar espacios de escucha, promover programas psicoeducativos y reforzar la red de apoyo son estrategias clave para proteger la salud psicológica del alumnado.

El papel de los medios y el efecto Papageno.

La guía también aborda el impacto de la comunicación social a través de los conceptos de efecto Werther y efecto Papageno. Mientras que el primero se refiere al aumento del riesgo tras una exposición mediática sensacionalista o detallada del suicidio, el efecto Papageno pone el acento en la prevención, mostrando historias de superación, apoyo y búsqueda de ayuda.

Fundación ANAR subraya la importancia de ofrecer información responsable, centrada en recursos de apoyo y mensajes de esperanza, para contrarrestar los efectos negativos y fomentar conductas de afrontamiento saludables.

Líneas de ayuda ANAR.

La guía finaliza recordando las líneas de ayuda de Fundación ANAR, disponibles para niños, niñas, adolescentes, familias y profesionales, como recurso fundamental de orientación, apoyo y acompañamiento ante situaciones de riesgo. Estos servicios constituyen una herramienta clave para la intervención temprana y la prevención de la conducta suicida en menores.

Se puede acceder a la guía completa desde la página web de Fundación ANAR.