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martes, 27 de octubre de 2026

Los hijos de madres con trastorno límite de la personalidad muestran una regulación emocional similar a la de otros niños

 Los hijos pequeños de madres con trastorno límite de la personalidad utilizan estrategias de regulación emocional similares a las de hijos de madres con otros trastornos mentales y a las de hijos de madres sin problemas de salud mental. Estos hallazgos cuestionan la hipótesis de que la transmisión del trastorno entre generaciones se produzca mediante la transmisión de dificultades específicas en la regulación emocional. Los autores consideran que comprender este proceso requiere enfoques más complejos que tengan en cuenta factores contextuales y de protección.

Así lo señala un estudio publicado en la revista Development and Psychopathology y destacado por Nature Reviews Psychology. La investigación analizó si la inestabilidad en la regulación emocional de madres con trastorno límite de la personalidad (TLP) se asociaba con dificultades similares en sus hijos durante la primera infancia.

Una hipótesis ampliamente aceptada que no se confirma.

Los hijos de progenitores con trastorno límite de la personalidad presentan un mayor riesgo de desarrollar este trastorno que la población general. Diversas teorías han atribuido esta relación a las dificultades de regulación emocional propias del TLP. Según estos modelos, la inestabilidad emocional de los progenitores favorecería un entorno de desarrollo invalidante y respuestas parentales poco ajustadas a las emociones del niño. En combinación con la vulnerabilidad emocional infantil, este proceso contribuiría al desarrollo de problemas de regulación emocional y de psicopatología.

Con el objetivo de poner a prueba esta hipótesis, Bunz y colaboradores realizaron un estudio transversal con díadas madre-hijo de habla alemana. La muestra incluyó 158 madres con trastorno límite de la personalidad, 64 madres con depresión y/o ansiedad y 96 madres sin problemas de salud mental. Los hijos tenían entre 6 meses y 6 años, lo que permitió evaluar distintas etapas del desarrollo temprano.

Niños jugando con juguetes ecológicos
Fuente: Magnific. Autoría: magnific. Descarga: 22/07/26.
La regulación emocional adaptativa fue la respuesta más frecuente.

Los diagnósticos maternos se establecieron mediante una entrevista diagnóstica estructurada. Para evaluar la regulación emocional infantil, los investigadores utilizaron tareas adaptadas de la Laboratory Temperament Assessment Battery (Lab-TAB). Durante una fase de espera, el juguete preferido del niño se colocaba a la vista, pero fuera de su alcance, con el fin de provocar emociones negativas que activaran estrategias de regulación emocional. Mientras tanto, se pidió a las madres que permanecieran ocupadas respondiendo cuestionarios para minimizar su influencia en la regulación emocional de sus hijos.

Los investigadores evaluaron por separado el afecto positivo, negativo y neutro, así como las estrategias de regulación emocional. Además, analizaron la duración, la latencia y la frecuencia de cada estrategia, distinguiendo entre respuestas adaptativas y desadaptativas según el contexto. Por ejemplo, buscar apoyo de la madre cuando resultaba apropiado se consideró una estrategia adaptativa, mientras que expresar ira hacia ella en situaciones inadecuadas se clasificó como una respuesta desadaptativa.

En los tres grupos, la inmensa mayoría de los niños empleó estrategias adaptativas y las estrategias desadaptativas fueron poco frecuentes. Tampoco se observaron diferencias entre los grupos en la duración, la latencia o la frecuencia de las estrategias adaptativas, ni en la variabilidad de la regulación emocional, entendida como el número de estrategias diferentes utilizadas durante la tarea.

La edad sí influyó en las estrategias utilizadas.

La investigación sí encontró diferencias relacionadas con la edad. Los niños de mayor edad recurrieron con más frecuencia a estrategias intencionales de autocontrol, mientras que los más pequeños dependían en mayor medida de la corregulación proporcionada por la madre. Sin embargo, este patrón evolutivo fue similar en los tres grupos analizados.

Para los autores, estos resultados contradicen las expectativas derivadas de investigaciones previas y no respaldan la existencia de un patrón específico de transmisión entre madres e hijos de la regulación emocional en el trastorno límite de la personalidad. Según plantean, esta discrepancia podría deberse a diferencias metodológicas, ya que el estudio se basó en la observación directa de las estrategias de regulación emocional infantiles y en una evaluación detallada de su diversidad, más allá de la simple clasificación entre estrategias adaptativas y desadaptativas.

Como conclusión, los investigadores sostienen que el estudio de la regulación emocional infantil y de la transmisión intergeneracional de la psicopatología requiere un enfoque más matizado. En este sentido, proponen desarrollar investigaciones longitudinales que incorporen factores contextuales y de protección para comprender mejor cómo se transmite la salud mental entre generaciones.


Fuente.

Bunz, M., Derhardt, R., Seehagen, S., Heinrichs, N., Kumsta, R., Renneberg, B., & Schneider, S. (2026). Emotion regulation in young children of mothers with borderline personality disorder: A transgenerational perspective. Development and psychopathology, 1-13. https://doi.org/10.1017/S0954579426101345

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Disregulación emocional en pacientes con Trastorno Límite de Personalidad en relación a una inducción experimental de emociones negativas


La disregulación emocional es una de las características principales del Trastorno Límite de la Personalidad (TLP; Leichsenring, Leibing, Kruse, New y Leweke, 2011), y parece estar vinculada a conductas de riesgo que son frecuentes en esta patología (ej.: auto-lesión, abuso de substancias, atracones o tentativas suicidas; Lynch, Chapman, Rosenthal, Kuo y Linehan, 2006).

Se ha hipotetizado que dos aspectos clave de la disregulación emocional en el TLP serían una elevada emocionalidad negativa basal y una hiperreactividad emocional (Kuo y Linehan, 2009).

Si bien el primer punto ha sido reportado por numerosos estudios, la hipótesis de una mayor reactividad emocional no ha podido ser hasta el momento claramente confirmada, e incluso existen estudios que han informado de una menor reactividad emocional en el TLP en comparación con controles sanos (Rosenthal y cols., 2008).

La amplia diversidad y la falta de estandarización de los métodos utilizados para inducir y evaluar la respuesta emocional, la heterogeneidad inherente al propio trastorno, y la elevada comorbilidad, habitualmente asociada al mismo, podrían explicar en parte la falta de consistencia en los resultados obtenidos acerca de la reactividad emocional en el TLP.

Objetivo del estudio

El presente estudio explora la disregulación emocional en el TLP. Para ello, se compararon la respuesta emocional subjetiva y la respuesta psicofisiológica de estrés de un grupo de pacientes con TLP y otro de controles sanos, en el contexto de un paradigma experimental estandarizado de inducción de emociones negativas.

Métodos

Participaron en el estudio 35 pacientes del Servicio de Psiquiatría del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, diagnosticados de TLP mediante escalas específicas de personalidad, y 15 controles sin historia de psicopatología.

Para la inducción emocional, se mostraron individualmente a los participantes durante 13 minutos una secuencia de 24 imágenes extraídas del Internacional Affective Picture System, seleccionadas por su capacidad para generar emociones negativas, elevar el arousal y reducir la percepción de control. Paradigmas similares de inducción emocional han sido utilizados frecuentemente en estudios de neuroimagen e investigación psicofisiológica.

El procedimiento incorporó, adicionalmente, una fase previa de adaptación al contexto experimental y otra posterior de recuperación de la inducción emocional, ambas con una duración de 15 minutos. Al final de cada período, se obtuvieron muestras de saliva a fin de evaluar la respuesta psicofisiológica de estrés a través de los niveles de cortisol y alfa-amilasa (dos marcadores de los principales sistemas de respuesta biológica al estrés), y se pidió a los participantes que, de forma paralela, cumplimentaran en cada ocasión una escala análogo-visual (el Self-Assessment-Manikin) y dos cuestionarios (el Profile of Mood States y el Positive and Negative Affect Schedule) con el fin de evaluar su estado emocional.

Resultados

Previamente a la inducción emocional, los pacientes con TLP reportaron una mayor intensidad de emociones negativas, y mostraron valores disminuidos de cortisol en saliva y elevados de alfa-amilasa salivar respecto al grupo control. Sin embargo, no se observaron diferencias significativas entre ambos grupos en cuanto a la respuesta emocional consiguiente al procedimiento de inducción de emociones negativas.

Discusión

Los resultados del presente estudio ofrecen un soporte parcial a la hipótesis de la disregulación emocional en el TLP, pues si bien el grupo clínico reportó mayor intensidad de emociones negativas en la fase previa de adaptación (nivel basal), posteriormente no mostró mayor reactividad emocional en respuesta a la inducción experimental en comparación con el grupo control de participantes sanos.


Es decir, aunque los pacientes con TLP reportaron emociones negativas más intensas, su perfil de respuesta emocional fue similar al de los controles sanos. Por otro lado, los pacientes con TLP presentaron niveles más bajos de cortisol y más altos de alfa-amilasa que los participantes sanos, alteraciones que podrían ser sugestivas de una hipofunción del eje hipotálamo-pituitario-adrenal y una sobreactivación del sistema nervioso simpático. La asimetría entre los niveles de cortisol y de alfa-amilasa salivares, ha sido observada de manera parecida en otro tipo de muestras, y se cree que podría estar asociada con el estrés crónico y la sintomatología depresiva (Ali y Pruesner, 2012).

Futuros estudios deberían considerar la incorporación de paradigmas de inducción emocional que utilizaran estímulos más naturalísticos, con el fin de evaluar si la hiperreactividad emocional del TLP puede darse, no como una característica general del trastorno, sino como un síntoma que podría aparecer ante eventos concretos, frente a los que los pacientes con TLP podrían mostrar de manera específica una mayor vulnerabilidad (ej.: contextos de abuso o de vergüenza).

El artículo completo puede encontrarse en International Journal of Clinical and Health Psychology

Feliu-Soler, A., Pascual, J.C., Soler, J., Pérez, V., Armario, A., Carrasco, J., Sanz, A., Villamarín, F., y Borràs, X. (2013) Emotional responses to a negative emotion induction procedure in Borderline Personality Disorder. International Journal of Clinical and Health Psychology, Vol. 13 (1), 9-17.

Referencias

Ali, N. & Pruessner, J.C. (2012). The salivary alpha amylase over cortisol ratio as a marker to assess dysregulations of the stress systems. Physiology & Behavior, 106 (1), 65-72.

Kuo J.R. & Linehan M.M. (2009). Disentangling emotion processes in borderline personality disorder: physiological and self-reported assessment of biological vulnerability, baseline intensity, and reactivity to emotionally evocative stimuli. Journal of Abnormal Psychology, 118 (3), 531-44.

Leichsenring, F., Leibing, E., Kruse, J., New, A.S. & Leweke, F. (2011). Borderline personality disorder. Lancet 377 (9759), 74-84.

Lynch, T.R., Chapman, A.L., Rosenthal, M.Z., Kuo, J.K. & Linehan, M.M. (2006). Mechanisms of change in dialectical behavior therapy: Theoretical and empirical observations. Journal of Clinical Psychology 62, 459-480.

Rosenthal, M.Z., Gratz, K. L., Kosson, D. S., Cheavens, J. S., Lejuez, C. W. & Lynch, T.R. (2008). Borderline personality disorder and emotional responding: A review of the research literature. Clinical Psychology Review 28, 75-91.

FUENTE: INFOCOP

Investigadores:

Albert Feliu-Soler. Psicólogo investigador del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (IIB-Sant Pau, CIBERSAM, Universitat Autònoma de Barcelona).

Juan Carlos Pascual. Doctor en Psiquiatría, psiquiatra adjunto de la Unidad de TLP del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (IIB-SANT PAU, CIBERSAM, Universitat Autònoma de Barcelona).

Joaquim Soler. Doctor en Psicología, psicólogo adjunto de la Unidad de TLP del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (Universitat Autònoma de Barcelona, IIB-SANT PAU y Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental, CIBERSAM, España).

Víctor Pérez. Doctor en Psiquiatría, director de la Unidad de Psiquiatría del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (IIB-SANT PAU, CIBERSAM, Universitat Autònoma de Barcelona).

Antonio Armario. Doctor en Biología, catedrático del Departamento de Biología Celular, Fisiología e Immunología y del Instituto de Neurociencias (Universitat Autònoma de Barcelona).

Javier Carrasco. Doctor en Biología, técnico superior del Servicio de Endocrinología y RIA (Universitat Autònoma de Barcelona).

Antoni Sanz. Doctor en Psicología, profesor agregado de la Unidad de Psicología Básica (Universitat Autònoma de Barcelona).

Francisco Villamarín. Doctor en Psicología, catedrático de la Unidad de Psicología Básica (Universitat Autònoma de Barcelona).

Xavier Borràs. Doctor en Psicología, profesor titular de la Unidad de Psicología Básica (Universitat Autònoma de Barcelona).

lunes, 17 de julio de 2017

Comorbilidad del Trastorno Límite de Personalidad


Actualmente, los trastornos de personalidad están captando el interés de la mayoría de investigadores, dando lugar a numerosos estudios, investigaciones, congresos... Una de las posibles causas de esto son las diversas discusiones sobre cómo considerar dichos trastornos, es decir, ¿dónde está el punto exacto de determinar si es un trastorno propiamente o una personalidad disfuncional?

Este gradiente ha sido objeto de debate en diversas ediciones del DSM. Por otro lado, también son conocidos por su alta comorbilidad con otros trastornos, en especial el trastorno límite de la personalidad (TLP).

La comorbilidad es un término médico que significa la presencia de uno o más trastornos (o enfermedades) además de la enfermedad o trastorno primario, y el efecto que causan. Es tan significativo ese fenómeno en el TLP, que incluso es más común y representativo verlo junto a otros trastornos, que solo. Existen muchos estudios y mucha variación de resultados en cuanto a con qué trastornos es comórbido y con cuáles no, pero hay suficiente uniformidad con los del Eje I (especialmente) y eje II tanto en muestras clínicas como comunitarias.

Las investigaciones indican que el 96,7% de las personas con TLP tienen al menos un diagnóstico comórbido con el Eje I, y que el 16,3% tendrían tres o más, lo cual es significativamente más elevado que otros trastornos. Por otro lado, también se ha estudiado que el 84,5% de los pacientes cumplía con los criterios para tener uno o más trastornos del Eje I al menos, 12 meses, y un 74,9% para tener un trastorno del eje II de por vida.

Respecto a la comorbilidad con el eje II, numerosos estudios indican que existen diferencias entre sexos. Es decir, los hombres diagnosticados con TLP son más propensos a tener comorbilidad del eje II con los trastornos de tipo antisocial, paranoide y narcisista, mientras que las mujeres con histriónico. Por otro lado, los porcentajes para los trastornos dependiente y por evitación se mantenían similares.

De los ya mencionados trastornos del eje I, el que sería más común de asociarse con el TLP sería el trastorno depresivo mayor, oscilando entre el 40 y 87%. Seguirían los trastornos de ansiedad y afectivos en general y destacaríamos la relevancia del trastorno de estrés post traumático por la cantidad de estudios al respecto; con una prevalencia de por vida del 39,2%, es común pero no universal en pacientes con TLP.

En los también muy frecuentes trastornos alimenticios y de abuso de substancias, hay diferencias entre sexos, siendo los primeros más probables de estar asociados a mujeres con TLP y los segundos, a hombres. Este abuso de substancias de forma impulsiva reduciría el umbral de otros comportamientos autodestructivos o de promiscuidad sexual. En función de la gravedad de la dependencia del paciente, se tendría que derivar a servicios especializados e incluso ingreso para desintoxicación como prioridad.

En el caso de los trastornos de personalidad, tendríamos comorbilidad trastorno por dependencia con tasas del 50%, el evitativo con el 40%, el paranoide con el 30%, el antisocial con el 20-25%, el histriónico con tasas oscilantes entre el 25 y el 63%. Respecto a la prevalencia del TDAH se sitúa en un 41,5% en la infancia y en el 16,1% en la edad adulta.

La comorbilidad del TLP con el abuso de tóxicos sería del 50- 65%. Por otro lado, de igual manera que en la sociedad en general, de la substancia que más se suele abusar es del alcohol. No obstante, estos pacientes suelen ser politoxicómanos con otras substancias, como cannabis, anfetaminas o cocaína, pero puede ser de cualquier substancia adictiva en general, como de algunos psicofármacos.

En adición, dicho consumo suele hacerse de manera impulsiva y episódica. Respecto a la comorbilidad con el alcohol en particular, el resultado de fue un 47.41% de por vida, mientras que se obtuvo un 53.87% con adicción a la nicotina.

Siguiendo la misma línea, numerosos estudios han comprobado la relación de la sintomatología del TLP con la frecuencia de uso y dependencia del cannabis. Los pacientes tienen una relación ambivalente con este, ya que les ayuda a relajarse, atenuar la disforia o malestar general que habitualmente tienen, soportar mejor la soledad a la que tanto refieren y focalizar su pensamiento en el aquí y ahora. No obstante, también les puede llevar a tener atracones de comida (agravando las conductas bulímicas o de trastorno por atracón, por ejemplo), aumentar los síntomas pseudoparanoides y la posibilidad de desrealización o despersonalización, lo cual sería un círculo vicioso.

Por otro lado, también es interesante destacar las propiedades analgésicas del cannabis, relacionándolo con las habituales autolesiones por parte de los pacientes con TLP.

A grandes rasgos, la comorbilidad con los TCA con los TP es elevada, oscila entre el 20 y 80% de los casos. Aunque el trastorno de anorexia nervosa restrictiva pueda tener comorbilidad con el TLP, es mucho más frecuente que lo tenga hacia otros trastornos de tipo pasivo-agresivo, por ejemplo, mientras que la bulimia purgativa sí que se asocia con fuerza al TLP, siendo la proporción de un 25%, sumado a los trastornos por atracón y TCA no especificado, de los cuales también se ha encontrado relación.

Paralelamente, diversos autores han relacionado como posibles causas del origen de los TCA a acontecimientos estresantes en alguna etapa temprana de la vida, tales como abuso físico, psicológico o sexual, control excesivo… junto a rasgos de personalidad como baja autoestima, impulsividad o inestabilidad emocional, junto a los propios cánones de belleza de la propia sociedad.

Es importante destacar que la elevada comorbilidad del TLP con otros trastornos hace más difícil la detección temprana de los trastornos, por lo que dificulta el tratamiento y ensombrece el pronóstico terapéutico, además de ser un criterio de gravedad diagnóstica.

Para acabar, concluir con la necesidad de más investigación acerca del TLP y de los trastornos de personalidad en general, ya que hay mucha disparidad de opiniones y pocos datos realmente contrastados empíricamente y con consenso en la comunidad de la salud mental.

FUENTE: https://psicologiaymente.net


Alba Ramos Cruz 
Psicóloga

Graduada en Psicología en la Universidad de Barcelona. Especializándose en mención clínica. Especial interés en psicología clínica y forense y estudio de la conducta criminal.