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martes, 24 de febrero de 2026

En torno al 30% de las personas mayores de 65 años polimedicadas consume psicofármacos de forma crónica

 En personas mayores, la polimedicación es un fenómeno clínico de gran relevancia desde múltiples puntos de vista, siendo, el principal de ellos, la seguridad. En ese entramado de tratamientos crónicos, los psicofármacos ocupan un lugar visible: antidepresivos y ansiolíticos e hipnóticos se mantienen entre los grupos más utilizados en la población mayor polimedicada, mientras que los fármacos para el tratamiento de la demencia incrementan su presencia conforme avanza la edad, en un perfil donde también figuran problemas de salud como la depresión, los trastornos de ansiedad, los trastornos del sueño y la demencia.

Estos son algunos de los datos recogidos por el Ministerio de Sanidad en su informe «Utilización de fármacos crónicos en las personas polimedicadas de 65 y más años y su relación con la morbilidad», elaborado a partir de los datos de 2023 de la Base de Datos Clínicos de Atención Primaria (BDCAP), una base de datos que recoge información clínica obtenida de forma normalizada a partir de una muestra de historias clínicas electrónicas de Atención Primaria.

Una muestra amplia y representativa basada en Atención Primaria.

El estudio se centra en la población de 65 y más años recogida en BDCAP en 2023, que asciende a 9.383.539 personas (de las cuales 4.078.588 son hombres y 5.304.951 mujeres), analizando una realidad sanitaria de gran relevancia en edades avanzadas: la elevada prevalencia de polimedicación y su estrecha relación con la coexistencia de múltiples patologías crónicas.

De acuerdo con el documento, se considera persona polimedicada a aquella que mantiene tratamiento crónico con cinco o más principios activos distintos durante un mismo año, entendiendo por medicamento crónico aquel cuya dispensación anual equivale al menos a 180 dosis diarias definidas (DDD), lo que representa una administración sostenida durante seis meses o más.

Fuente: freepik. Autor: jcomp. Descarga: 19/01/26.
Casi 3 de cada 10 personas mayores de 65 años presentan polimedicación crónica.

Uno de los objetivos del informe es cuantificar la extensión de la polimedicación en mayores de 65 años. Para ello, se analiza el consumo de fármacos crónicos en función de la clasificación Anatómica-Terapéutica-Química, ATC (una codificación que agrupa los fármacos por órgano/sistema y tipo de tratamiento, con distintos niveles de detalle, desde categorías más amplias (ATC2), hasta otras más específicas (ATC4 y ATC3). En términos globales, el porcentaje de personas polimedicadas se mantiene muy similar en los tres niveles analizados: 31,2% (ATC4), 30,4% (ATC3) y 29,7% (ATC2).

A la vista de estos resultados, el informe opta por utilizar el nivel ATC2 como base principal, desagregando a niveles más específicos cuando se considera necesario para mejorar la inteligibilidad clínica.

En el conjunto de la población de 65 y más años (9.383.539 personas), el estudio identifica 2.790.796 personas polimedicadas, lo que representa una prevalencia total del 29,7%.

La polimedicación aumenta con la edad y alcanza su máximo entre los 85 y 94 años.

El informe muestra que la prevalencia de polimedicación aumenta progresivamente con la edad hasta alcanzar su valor máximo en el grupo de 85 a 94 años, donde llega al 44,7%, reduciéndose posteriormente en el grupo de 95 años o más, con un 30,8%.

Este patrón se refleja en los resultados por grupos de edad:

  • 65-74 años: 20,5% de polimedicación.
  • 75-84 años: 36,8%.
  • 85-94 años: 44,7%.
  • 95 y más años: 30,8%.

Este aumento de la polimedicación con la edad configura un escenario clínico donde la coexistencia de múltiples tratamientos farmacológicos —incluidos los psicofármacos— puede formar parte del abordaje habitual en Atención Primaria para una proporción importante de la población mayor.

Los fármacos más utilizados en personas mayores polimedicadas: antiúlcera, antihipertensivos y modificadores de lípidos.

El informe identifica los grupos farmacológicos consumidos de forma crónica por, al menos, el 50% de las personas polimedicadas en los cuatro decenios analizados. En todos ellos, destacan tres grandes grupos:

  • Fármacos antiúlcera péptica (más del 70%).
  • IECA/ARA-II (entre el 55% y el 70%, según decenio).
  • Modificadores de lípidos (excepto en el grupo de 95 años o más).

Además, el informe recoge que los diuréticos alcanzan una prevalencia del 50% a partir de los 95 años.

Otros grupos superan el 40% en determinados tramos: los antidiabéticos orales entre 65 y 74 años, la vitamina D a partir de los 85 años, y los antiagregantes y analgésicos a partir de los 95 años.

Psicofármacos en personas mayores polimedicadas: antidepresivos y ansiolíticos/hipnóticos rondan el 30%.

Dentro del conjunto de fármacos utilizados de forma crónica por las personas polimedicadas, el informe sitúa en torno al 30% el consumo de antidepresivos y de ansiolíticos e hipnóticos, junto a los antidiabéticos orales.

Con respecto al porcentaje de población polimedicada que consume crónicamente cada tipo de fármaco por grupos de edad, se observa que, en el caso de los grupos directamente vinculados a salud mental y deterioro cognitivo, destacan los siguientes valores:

  • Antidepresivos: 30,45% (65-74), 30,13% (75-84), 33,77% (85-94), 29,49% (95+).
  • Ansiolíticos e hipnóticos: 29,45% (65-74), 26,63% (75-84), 27,27% (85-94), 28,91% (95+).
  • Antidemencia: 0,97% (65-74), 4,39% (75-84), 7,20% (85-94), 4,36% (95+).

Estos datos ponen de manifiesto que, dentro de la polimedicación crónica, el uso de antidepresivos y de ansiolíticos e hipnóticos se mantiene en valores elevados y relativamente estables a lo largo de los distintos decenios, mientras que el uso de fármacos antidemencia aumenta claramente con la edad, especialmente, a partir de los 75 años.

La edad modifica los patrones de consumo: el uso de fármacos antidemencia se multiplica con los años.

El informe dedica un apartado específico a la evolución de los consumos con la edad, indicando que varios fármacos se utilizan más conforme avanza la edad, sobre todo, los antidemencia, que se usan cuatro veces más en el decenio superior respecto al inferior. También aumentan los diuréticos (casi tres veces más) y los antianémicos (dos veces más).

Este patrón se refuerza con los gráficos relativos del documento, donde se destaca que los fármacos antidemencia se utilizan casi 4,5 veces más en mayores de 95 años respecto al grupo de 65-74 años.

Diferencias por sexo: mayor consumo de psicofármacos en mujeres.

El informe señala que, aunque existen diferencias estadísticamente significativas por sexo, la magnitud absoluta es pequeña: en el conjunto de 65 y más años, la polimedicación alcanza el 30,9% en mujeres y el 28,3% en hombres.

En los grupos por decenios, el informe destaca que en el primer decenio (65-74 años) prácticamente no hay diferencias, mientras que en el último (95+ años) la proporción es ligeramente mayor en hombres.

El informe señala de forma explícita que en las mujeres hay mayor porcentaje de utilización de psicofármacos, además de analgésicos y antiinflamatorios no esteroideos (AINEs).

En el análisis por decenios, el documento detalla que:

  • Entre los 65 y 74 años

Las mujeres presentan un consumo significativo de determinados grupos farmacológicos, destacando, especialmente, antidepresivos, ansiolíticos e hipnóticos, además de vitamina D, analgésicos y fármacos relacionados con patología ósea y tiroides.

  • De 75 a 84 años

En esta franja de edad, las mujeres presentan una prevalencia significativamente mayor en el consumo de medicamentos utilizados en el tratamiento de trastornos afectivos (antidepresivos), así como ansiolíticos e hipnóticos, además de vitamina D, analgésicos y tratamientos para osteoporosis, calcio y tiroides.

  • Entre 85 y 94 años

Nuevamente, son las mujeres quienes presentan una prevalencia claramente superior en el uso de medicamentos indicados para patologías psiquiátricas (antidepresivos, ansiolíticos, sedantes).

  • En 95 años o más

Las mujeres superan ampliamente a los hombres en el consumo de diversos grupos, destacando antidepresivos y ansiolíticos e hipnóticos, además de analgésicos y los medicamentos usados para tratar hipertensión arterial y otros problemas cardiovasculares: IECA (inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina) y ARA II (antagonistas del receptor de angiotensina II).

Estos resultados sugieren que, dentro del patrón de consumo farmacológico crónico en población polimedicada, el uso de psicofármacos tiene un peso especialmente relevante en mujeres, y se mantiene presente en todos los tramos de edad analizados.

Morbilidad en polimedicados: mayor prevalencia de problemas de salud en todos los decenios.

Sanidad analiza en su informe la morbilidad de las personas polimedicadas comparándola con la de las no polimedicadas. En este apartado se seleccionan 31 problemas de salud relacionados con los fármacos estudiados. En términos generales, se observa que la prevalencia de todos los problemas de salud seleccionados es superior en población polimedicada, en comparación con la no polimedicada, en los cuatro decenios analizados.

El documento recoge dos excepciones concretas:

  • La prevalencia de demencia es similar en ambos grupos en el decenio 85-94 años, y superior en los no polimedicados en el decenio siguiente.
  • Los trastornos del sueño presentan la misma prevalencia en el decenio 85-94 años.

Asimismo, subraya que la prevalencia de problemas de salud relacionados con las indicaciones de los fármacos crónicos es mayor en polimedicados que en no polimedicados, destacando: insuficiencia cardiaca (siete veces superior), cardiopatía isquémica (casi cinco veces), enfermedad cerebrovascular e insuficiencia renal crónica (alrededor de cuatro veces), y diabetes mellitus (tres veces más).

Optimización del uso y enfoque en seguridad.

En su apartado final, el informe subraya que el fenómeno de la polimedicación tiene gran relevancia desde múltiples puntos de vista, destacando la seguridad como el principal de ellos.


El informe completo se encuentra disponible en la página web del Ministerio de Sanidad o bien directamente aquí.

miércoles, 26 de noviembre de 2025

¿Son los antidepresivos eficaces para la depresión asociada al cáncer de mama?

 Los antidepresivos no muestran una eficacia superior al placebo para tratar la depresión en pacientes con cáncer de mama. Así lo concluye un estudio publicado en la revista Journal of Psychiatry Spectrum.

El artículo presenta una revisión sistemática y metaanálisis sobre la eficacia de los antidepresivos en el tratamiento de la depresión en pacientes con cáncer de mama. Los autores seleccionaron ensayos controlados aleatorizados comparando antidepresivos con placebo, concluyendo que, en base a la investigación disponible, no se encontró evidencia que demuestre una superioridad estadísticamente significativa de los antidepresivos sobre el placebo para tratar la depresión en este grupo de pacientes.

Foto: freepik. Diseño: freepik. Fecha: 24/08/25
La doble carga del cáncer de mama y la depresión

Tal y como se recoge en el artículo, el cáncer sigue siendo una preocupación de salud global significativa. Según datos de 2020, se han contabilizado 19.3 millones de nuevos casos de cáncer a nivel mundial. El cáncer de mama femenino ha superado al cáncer de pulmón como el cáncer más comúnmente diagnosticado, representando aproximadamente 2.3 millones de nuevos casos, lo que constituye el 11.7% del total.

Otros datos mencionados por los autores, muestran que se trata de la principal incidencia en la gran mayoría de los países (159 de 185) y la principal causa de mortalidad en 110 países entre las mujeres, representando 1 de cada 4 diagnósticos de cáncer y 1 de cada 6 muertes por cáncer en este grupo.

Además de la carga física de la enfermedad, el texto subraya que las pacientes con cáncer de mama a menudo experimentan una variedad de emociones complejas, incluyendo estrés, ansiedad, miedo, preocupaciones sobre la autoimagen e incertidumbre sobre el futuro. Específicamente, la depresión es un problema psicológico común en estas pacientes, impactando significativamente en su calidad de vida, según se recoge en el texto. El malestar psicológico incluye ansiedad relacionada con la complejidad del tratamiento, miedo a no recuperar el nivel de funcionalidad previo al diagnóstico y la interrupción de las actividades sociales. Así, según enfatizan los investigadores, abordar los aspectos psicológicos es un aspecto crucial para proporcionar un tratamiento integral y eficaz en estos casos. Por este motivo, los autores se propusieron evaluar la eficacia de varios antidepresivos para el abordaje de la depresión en pacientes con cáncer de mama.

Metodología del estudio

El estudio fue diseñado como una revisión sistemática y metaanálisis, siguiendo las directrices PRISMA 2020. El protocolo del estudio fue preregistrado en PROSPERO. La búsqueda de literatura se realizó en bases de datos electrónicas clave como PubMed, Ovid MEDLINE, APA PsycINFO, Cochrane y SCOPUS, así como en literatura gris.

De un total de 155 estudios identificados después de eliminar duplicados, 13 estudios cumplieron los criterios de inclusión para la revisión sistemática. Estos 13 estudios incluyeron un total de 595 participantes. Todos los artículos incluidos eran estudios aleatorizados de doble ciego, controlados con placebo. La mayoría de los estudios se realizaron en un entorno ambulatorio, y todas las participantes eran mujeres con una edad promedio menor de 60 años.

Asimismo, se evaluó el riesgo de sesgo de los estudios incluidos utilizando la herramienta Cochrane de riesgo de sesgo. La evaluación mostró que 5 estudios tenían bajo riesgo de sesgo, 4 tenían un riesgo medio y 4 presentaban alto riesgo de sesgo.

Resultados: falta de evidencia de superioridad sobre el placebo

El análisis de resultados mostró que los antidepresivos no fueron eficaces para el tratamiento de la depresión en pacientes con cáncer de mama en comparación con el placebo. Tal y como se recoge en el texto, la reducción media de las puntuaciones de depresión entre los grupos de intervención y placebo no fue estadísticamente significativa. Por lo tanto, los datos agrupados no proporcionaron un resultado favorable hacia el uso de un antidepresivo en comparación con un placebo.

De esta manera, aunque algunos estudios individuales (6 de ellos) sí informaron que ciertos antidepresivos específicos parecían funcionar mejor que el placebo, cuando los datos de los estudios que pudieron combinarse estadísticamente se analizaron en conjunto, no hubo evidencia estadísticamente sólida de que los antidepresivos en general, o clases específicas de este tipo de fármacos, como los ISRS, fueran superiores al placebo para tratar la depresión en pacientes con cáncer de mama. Asimismo, en relación con el tamaño del efecto de estos tratamientos, los datos agrupados y el análisis de subgrupos de fármacos individuales no mostraron efectos de tratamiento significativos, mostrando un tamaño del efecto general pequeño.

Específicamente, el análisis de subgrupos de inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) frente a placebo, que incluyó cuatro estudios, no mostró una eficacia significativa (SMD = -0.23) y el análisis de subgrupos de otros antidepresivos (mianserina, desipramina, duloxetina) frente a placebo, que incluyó tres estudios, tampoco mostró una eficacia significativa (SMD = -0.40).

Implicaciones y direcciones futuras

Las implicaciones de estos resultados sugieren que, si bien algunos ensayos individuales mostraron efectos favorables para antidepresivos específicos en la revisión sistemática, el análisis agrupado no respalda una eficacia general de los antidepresivos superior al placebo para la depresión en pacientes con cáncer de mama.

Tal y como concluyen los investigadores, actualmente no hay evidencia de que los antidepresivos sean superiores al placebo en el manejo de la depresión en el cáncer de mama. Para el futuro, los autores recomiendan estudios con metodología robusta que evalúen tanto los antidepresivos como otros tratamientos para la depresión en el cáncer de mama, ampliando el enfoque hacia el uso de tratamientos no farmacológicos.

En resumen, este metaanálisis resalta la importancia de abordar los problemas de salud mental específicos asociados con los pacientes oncológicos para proporcionar una atención integral del cáncer. Los autores recalcan la necesidad de reevaluar el papel de los antidepresivos en esta población específica y enfatizan la importancia de seguir avanzando en la investigación en este campo.

Referencia:

Chikkamath VC, Kariyannavar L, Rattehalli R, Pai BS. Efficacy of antidepressants in depression in breast cancer: A systematic review and meta-analysis. J Psychiatry Spectr 2025;4:57-65.

martes, 28 de octubre de 2025

El Síndrome de Abstinencia de antidepresivos: una realidad emergente y poco estudiada

 Un nuevo estudio sistemático con síntesis metanarrativa, ha revelado que el síndrome de abstinencia post-aguda (PAWS) tras la interrupción de antidepresivos es una realidad clínica persistente, aunque la evidencia actual sobre su prevalencia, duración, gravedad y tratamientos eficaces es notablemente escasa y de baja certeza.

El estudio, publicado en Epidemiology and Psychiatric Sciences, subraya la urgente necesidad de investigación rigurosa para comprender y manejar mejor esta condición que puede durar meses e incluso años en algunos pacientes.

Foto: freepik. Diseño: freepik. Fecha: 28/08/25
¿Qué es el Síndrome de Abstinencia Post-Aguda (PAWS) de antidepresivos?

Tal y como se expone en el artículo, el uso a largo plazo de medicamentos antidepresivos, a menudo durante varios años, ha aumentado significativamente en las últimas dos o tres décadas, lo que intensifica la importancia de comprender los riesgos asociados con esta prolongada utilización. Al igual que otras sustancias psicotrópicas, el uso prolongado de antidepresivos puede conducir a adaptaciones neurofisiológicas sostenidas, un fenómeno conocido como dependencia física, cuya única manifestación clínica es un síndrome de abstinencia al reducir la dosis o discontinuar el tratamiento.

Los síntomas de abstinencia se clasifican en sensoriales, de desequilibrio, síntomas somáticos generales, alteraciones del sueño, síntomas gastrointestinales y síntomas afectivos. Según la revisión realizada por los autores, los más comunes incluyen mareos, vértigo, temblor, náuseas, insomnio, fatiga, desregulación del estado de ánimo, ansiedad, pánico, irritabilidad y agitación. También pueden presentarse síntomas graves como la ideación y el comportamiento suicida.

La literatura distingue dos categorías amplias de síndromes de abstinencia: los síndromes de abstinencia agudos (incluidos los trastornos de rebote) y los síndromes de abstinencia post-aguda persistentes (PAWS), que comprenden los trastornos post-abstinencia persistentes. Mientras que los síntomas de abstinencia aguda aparecen rápidamente tras la interrupción y duran entre 1 y 6 semanas, el PAWS puede surgir días o semanas, a veces incluso meses, después de la interrupción del tratamiento y persistir desde más de un mes hasta años. Fenomenológicamente, el PAWS a menudo se asemeja a recaídas de la condición original o a nuevos trastornos mentales emergentes.

El estudio: una revisión sistemática novedosa

Este estudio, titulado «Post-acute withdrawal syndrome (PAWS) after stopping antidepressants: a systematic review with meta-narrative synthesis», ha sido elaborado por Andri Rennwald y Michael P. Hengartner de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Zúrich. Se trata de la primera revisión sistemática en examinar la prevalencia, duración, gravedad, factores de riesgo/protección y estrategias de tratamiento para el PAWS después de la interrupción de medicamentos antidepresivos.

Los investigadores realizaron búsquedas en PubMed, Web of Science y PsycInfo, centrándose en antidepresivos de nueva generación, y complementaron la búsqueda con una revisión manual de las listas de referencias de estudios clave. Se incluyeron estudios originales en adultos que informaran sobre PAWS y proporcionaran datos sobre la epidemiología y el manejo clínico de los síntomas de abstinencia que persistieran durante al menos 6 semanas. De un total de 1286 resultados iniciales, solo siete estudios cumplieron los criterios de selección y fueron incluidos en la síntesis metanarrativa. La metodología incluyó el registro en PROSPERO y el seguimiento de las guías PRISMA. Los diseños de los estudios incluidos variaron considerablemente, abarcando análisis de auto-informes en línea de grupos de apoyo, un ensayo clínico aleatorizado (RCT), una serie de casos, un informe de caso y un estudio de cohorte prospectivo.

Hallazgos clave de la revisión
1. Prevalencia de PAWS:

Los datos sobre la prevalencia fueron muy escasos. Solo un pequeño estudio de cohorte prospectivo (Fava et al., 2007) reportó una tasa de prevalencia del 15% para PAWS en 3 de 20 participantes, todos ellos diagnosticados con trastorno de pánico y agorafobia y con uso prolongado de paroxetina. Sin embargo, esta estimación no se considera representativa debido al pequeño tamaño de la muestra y a la población específica.

  2. Duración de los Síntomas:

La duración del PAWS varió considerablemente entre los estudios, desde 1.5 meses hasta 166 meses (casi 14 años). Un estudio reportó una duración media de 2.5 años, con un rango de 0.1 a 6 años. Otro encontró una media de 37 meses, con rangos de 5 a 166 meses. En un RCT, los síntomas de abstinencia persistieron hasta al menos 39 semanas en algunos pacientes. A este respecto, los autores señalan que estas estimaciones de duración se basaron principalmente en evaluaciones retrospectivas en muestras selectivas y pueden ser poco fiables o representativas.

 3. Gravedad de PAWS:

Los pacientes que se autoidentificaron con el síndrome de abstinencia de antidepresivos reportaron predominantemente síntomas muy graves que deterioraron significativamente su calidad de vida. Así, el estudio de cohorte de Fava et al. (2007) describió un patrón severo de síntomas alternantes, incluyendo empeoramiento del estado de ánimo, fatiga, inestabilidad emocional, alteraciones del sueño, irritabilidad e hiperactividad en todos los pacientes con PAWS.

4. Factores de riesgo y protección:

El uso prolongado de paroxetina emergió como un posible factor de riesgo para el desarrollo de PAWS. Un estudio también sugirió que la duración del tapering (reducción gradual de la dosis) se correlacionaba positivamente con la duración de los síntomas de abstinencia, lo que podría indicar que los pacientes con síntomas más persistentes intentan reducir la dosis más lentamente. Por otro lado, no se encontró correlación entre la duración del tratamiento previo o la duración del tapering con el tiempo de aparición de los síntomas de abstinencia.

Estrategias de tratamiento y eficacia

Cuatro estudios mencionaron la reinstauración de la medicación antidepresiva inicial o el cambio a una dosis baja de benzodiazepinas como posibles intervenciones tras la aparición del PAWS. Algunos informes de pacientes señalaron que el PAWS podría durar varios meses si no se reiniciaba el antidepresivo. La reinstauración de la medicación resolvió los síntomas de PAWS autoinformados en el 47% de las personas que lo intentaron en un estudio. El tratamiento con otros fármacos, como benzodiazepinas, pregabalina o propranolol, se intentó en 33 personas, con solo un 18% reportando algún beneficio. Un caso reportó que la reinstauración de paroxetina, a diferencia del tratamiento con benzodiazepinas, sí mejoró los síntomas de abstinencia.

Una serie de casos propuso el uso de la terapia cognitivo-conductual (TCC) como un enfoque beneficioso para manejar el PAWS, ayudando a los pacientes a afrontar los síntomas de abstinencia y las experiencias angustiantes. En este estudio, los pacientes lograron la remisión de los síntomas en 3 a 6 meses, a veces con el apoyo adicional de clonazepam.

Sin embargo, tal y como señalan los autores, la eficacia de estas estrategias de tratamiento sigue siendo incierta, ya que ninguna intervención ha sido evaluada en un ensayo clínico controlado, y los estudios observacionales carecían de grupos de control.

Desafíos en el reconocimiento y diagnóstico

Tal y como remarcan los autores, lamentablemente, en la investigación y práctica clínica, los síntomas de abstinencia prolongados y persistentes son frecuentemente mal diagnosticados como una recaída de la condición primaria de salud mental (típicamente depresión) o como nuevos trastornos mentales emergentes. Esta confusión resalta la necesidad de mayor conciencia y un mejor reconocimiento de las diversas manifestaciones del PAWS para asegurar una atención adecuada al paciente.

La etiopatología del PAWS es en gran parte desconocida. Dado que la reinstauración del fármaco a menudo no resuelve el síndrome, se ha propuesto que podría ser causado por un daño neural similar a la discinesia tardía, procesos farmacodinámicos irreversibles y disfunción endocrina. A este respecto, los autores mencionan el modelo oposicional de tolerancia de Giovanni Fava, que sugiere que el PAWS es una consecuencia de la adaptación neurofisiológica del cerebro al uso prolongado de antidepresivos, lo que lleva a procesos que se oponen a los efectos agudos del tratamiento cuando los usuarios suspenden su medicación.

La urgente necesidad de investigación futura

La revisión concluye que la falta de investigación de alta calidad sobre el PAWS es sorprendente. La evidencia actual resulta muy limitada y poco fiable, derivando predominantemente de unos pocos informes de casos y análisis de autoinformes publicados en internet por personas que buscan ayuda.

Para avanzar en el conocimiento de la epidemiología y el manejo clínico del PAWS, los autores hacen un llamamiento a la exploración y validación adicionales mediante estudios de cohorte rigurosos y ensayos clínicos aleatorizados (RCTs). Estos estudios son necesarios para:

  • Evaluar con precisión la prevalencia y gravedad del PAWS en la población general de usuarios de antidepresivos que suspenden el tratamiento.
  • Obtener información sobre el momento y el curso de los síndromes de abstinencia más persistentes.
  • Identificar qué factores clínicos están diferencialmente asociados con ellos (por ejemplo, duración del tratamiento, dosis, esquema de tapering).
  • Evaluar la eficacia de las estrategias de tratamiento y manejo, puesto que hasta la fecha ninguna intervención clínica se ha evaluado con rigor metodológico.
Conclusiones

En resumen, aunque los síntomas de abstinencia de antidepresivos persistentes existen con certeza, no se puede estimar con precisión cuán prevalente, persistente e incapacitante es el PAWS, ni qué usuarios de antidepresivos están en mayor riesgo o cómo tratarlo eficazmente. Esta situación refleja el pobre reconocimiento y la insuficiente consideración del PAWS en la investigación y práctica clínica actuales.

Fuente:

Rennwald, A., & Hengartner, M. P. (2025). Post-acute withdrawal syndrome (PAWS) after stopping antidepressants: a systematic review with meta-narrative synthesis. Epidemiology and Psychiatric Sciences, 34, e29, 1–8.