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miércoles, 24 de abril de 2024

Es esencial contar con apoyo psicológico a lo largo de todo el proceso de final de la vida, según la AECC

Abordar el impacto del proceso de una enfermedad avanzada en la actividad relacional, tanto del paciente como del familiar, de cara a prevenir situaciones de soledad no deseada; contar con apoyo psicológico para el paciente y sus familias a lo largo de todo el proceso de final de la vida; prevenir la sobrecarga de los cuidados; brindar asesoramiento para el autocuidado del cuidador o disponer de recursos de apoyo para el afrontamiento de la pérdida antes y después del fallecimiento. Estas son algunas de las principales recomendaciones para la atención de las necesidades de pacientes en proceso de final de la vida y sus familiares cuidadores, recogidas por la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) en su II Informe Cualitativo sobre Cuidados Paliativos.

Este documento es fruto de un estudio llevado a cabo por la Asociación, con el objetivo de conocer las experiencias, percepciones y actitudes de las personas afectadas por cáncer en las fases avanzadas de la enfermedad para comprender sus necesidades (físicas, psicológicas, emocionales, afectivas, sociales, etc.), detectar las barreras y limitaciones percibidas en su cobertura e identificar elementos de mejora.

 

Fuente: freepik. foto: rawpixel. Fecha: 21/12/23


A este respecto, el informe señala que la fase de enfermedad avanzada y de final de la vida conlleva “importantes alteraciones físicas, psicológicas y sociales en los propios pacientes, su familia y el entorno en el que estos están inmersos, suponiendo cambios profundos en la vida de la persona enferma de cáncer y de todo su sistema familiar”. En esta etapa emergen múltiples necesidades relacionadas con el cuidado y bienestar de la persona y de sus cuidadores, “que no siempre son bien conocidas e identificadas”.

Este segundo informe complementa al que se hizo público en el año 2022 (donde se mostraba el punto de vista de los profesionales que trabajan en los cuidados paliativos), llegando prácticamente a las mismas conclusiones sobre aspectos relevantes de este tipo de cuidados al final de la vida, tal y como resumimos a continuación:
Para los pacientes es clave poder elegir sobre algunas decisiones fundamentales en el proceso de final de la vidaTanto las personas afectadas por cáncer en fases avanzadas de la enfermedad como sus familiares, experimentan el proceso de final de la vida y la muerte “como una interrupción drástica del ciclo vital”, sintiendo tristeza por no poder disfrutar de los logros alcanzados y del tiempo invertidos en los planes construidos. A este respecto, revelan que su percepción de la vida y de la muerte ha sufrido transformaciones: mientras que para unas personas se ha vivido como un “aprendizaje”, para otras, sin embargo, esta experiencia ha sido un cambio de perspectiva impuesto por las circunstancias, que aceptan con resignación.En este contexto, la idea de ‘humanización de la muerte’ se asocia con la posibilidad de elegir sobre algunas decisiones fundamentales. Para los y las participantes es fundamental “poder manejar los pocos elementos que pueden ser controlables” en un proceso lleno de incertidumbre y sufrimiento. Esta necesidad de elección se materializa en controlar cómo, dónde y cuándo morir. Destacan aquí la relevancia de los cuidados paliativos para minimizar el sufrimiento de pacientes y familiares y maximizar su bienestar y el de los cuidadores. Se pone de relieve también la importancia de elegir el lugar donde fallecer -siendo el hogar la opción de preferencia, siempre que se pueda garantizar en él la atención de necesidades-, y el momento, relacionado ‘con el deseo de no alargar la vida’, “cuando ello supone intensificar el sufrimiento del paciente y sus familiares, cuando la muerte es cercana e inevitable”.

Barreras y facilitadores para los cuidados en el final de la vidaDe acuerdo con el informe, las personas con cáncer avanzado y en fase final de la vida identifican, a partir de sus experiencias, una serie de barreras, tales como, dificultades para personalizar la muerte, el miedo y el sufrimiento asociado a reflexionar sobre la propia muerte o la de un familiar muy querido (lo que lleva en muchos casos a evitar hablar de ello); la sensibilidad y la elevada carga emocional que dificulta compartir la experiencia con personas cercanas y afectadas por el mismo caso, y que se agrava por el tabú socialmente generalizado en torno a la muerte; el avance rápido de la enfermedad y las noticias repentinas de una muerte cercana (sin un proceso de enfermedad progresivo se da una sensación de irrealidad y un proceso de aceptación más complejo); o el miedo que dificulta el abordaje directo de la muerte (miedo a lo desconocido, al sufrimiento, a la dependencia…).Asimismo, señalan diversos facilitadores en este proceso, entre ellos, utilizar el humor para quitarle solemnidad e intensidad emocional; racionalizar la muerte y buscar una contención de la emoción (esto permite ir afrontando paulatinamente el proceso de aceptación); la percepción de control, que implica considerar la muerte como una certeza frente a la incertidumbre de la enfermedad y el avance paulatino del proceso, que ayuda a asumir la muerte como un avance más.

¿Qué necesidades tienen las personas con cáncer en el final de la vida?Para los enfermos y familiares existe un amplio abanico de necesidades (de bienestar físico, emocional y social), que evidencian la complejidad de las diferentes situaciones durante el proceso de final de vida. En función de la evolución de la enfermedad, de los acontecimientos que van dándose y de la proximidad de la muerte, las prioridades se van modificando.Según indica el informe, las necesidades físicas se relacionan con el incremento del bienestar físico y la calidad de vida a través de un seguimiento de los síntomas derivados de la enfermedad o los tratamientos y, a su vez, de los problemas funcionales relacionados con los hábitos de cuidados, seguimiento y control de síntomas, sueño y descanso, actividad física, etc.Por su parte, las necesidades de bienestar social tienen que ver con la posibilidad de adaptar a las nuevas necesidades del o la paciente, tanto los elementos que delimitan el espacio donde vive el o la paciente, como la disposición de material ortoprotésico (silla de ruedas, salva-escaleras, camas articuladas, etc.); todos ellos, clave para facilitar el confort y la calidad de vida en el proceso de final de la vida.
El seguimiento clínico de la salud mental o el cuidado de la identidad y la autoestima, son algunas de las necesidades de bienestar emocional del pacienteEl periodo asociado al final de la vida conlleva un impacto emocional intenso, tanto para el paciente como para sus familiares, que provoca sufrimiento, incertidumbre y dificultades para aceptar la situación, así como complicaciones en las relaciones de todas las personas implicadas.Las necesidades de bienestar emocional preocupan especialmente a las personas entrevistadas, algunas de ellas, son: el seguimiento clínico de la salud mental (garantizar un óptimo estado de salud mental, controlando trastornos psicológicos clínicamente significativos como ansiedad y depresión, así como la consciencia, la capacidad comunicativa); abordar el malestar emocional (abordaje de las emociones relacionadas con la enfermedad, la dependencia y la muerte, ser capaz de comunicarlas y compartirlas; cuidado de la identidad y los propósitos vitales, así como de la imagen y la autoestima; búsqueda de distracciones y apoyo para realizar actividades satisfactorias, aficiones, placeres cotidianos; relaciones afectivas (sentirse queridos y apoyados, recibir y dar afecto, interactuando y pasando tiempo de calidad con el círculo cercano).En cuanto a la toma de decisiones, los pacientes muestran su voluntad de incorporar y hacer prevalecer su autonomía en las decisiones tomadas a lo largo del proceso de final de la vida. Actualmente, la toma de decisiones en este proceso se produce en un contexto de información incompleta y escasa, por lo que se recomienda que la información que reciben por parte de los y las profesionales sanitarios (relacionada con el pronóstico, las opciones terapéuticas, los recursos disponibles, etc.), sea lo más honesta y trasparente posible, asegurando que prevalezca la voluntad del paciente en cualquier decisión (incluso si no participa en ella de manera consciente).

Los familiares cuidadores presentan necesidades específicas propias que no suelen tenerse en cuentaLa AECC recuerda en su informe el papel clave que desempeñan los cuidadores en la atención a las necesidades de las personas con cáncer en el final de la vida, así como la sobrecarga que conlleva este rol y que deriva en la mayoría de los casos en “un gran estrés y agotamiento físico y psicológico”. A este respecto, los familiares reconocen que tienen sus propias necesidades específicas -tales como, necesidades de salud y bienestar, de bienestar psicológico y emocional, de descanso y desconexión, de conciliación laboral o de apoyo en las tareas de cuidado-, y que, con frecuencia, no suelen tenerse en cuenta en el abordaje del proceso.Tanto los pacientes como los familiares asocian los cuidados paliativos con la idea preconcebida de muerte inminente, de modo que la derivación a este tipo de atención se interpreta de forma negativa. De acuerdo con los y las participantes de este estudio, en muchos de los casos experimentaron retrasos y obstáculos en el acceso a las unidades sanitarias más especializadas en este tipo de atención: las unidades de atención domiciliaria de Cuidados Paliativos. En casos más extremos, la derivación (simultánea o total) a Cuidados Paliativos se retrasó hasta días antes del fallecimiento e, incluso, no llegó a producirse. Ante esto, la amplia mayoría considera que este tipo de atención debería darse de forma más temprana.
El informe recoge una serie de recomendaciones para dar respuesta a las necesidades y eliminar las barrerasDado todo lo expuesto, la AECC propone una serie de recomendaciones orientadas a dar respuesta a las necesidades tanto de los pacientes en proceso de final de la vida como de sus cuidadores familiares, algunas de ellas, son las siguientes:Contar con apoyo psicológico a lo largo de todo el proceso, brindado tanto a los pacientes como a sus familiares.
Abordar el impacto del proceso de enfermedad en la actividad relacional, con el fin de prevenir situaciones de soledad no deseada.
Dedicar tiempo y espacio en las visitas de seguimiento clínico para acoger y atender estas necesidades emocionales.
Facilitar el acompañamiento de personas del círculo afectivo de la persona enferma cuando está ingresada en centros hospitalarios o residenciales.
Poder controlar ‘lo controlable‘.
Facilitar conversaciones, basadas en la escucha activa, sobre las opciones de cuidados, de forma transparente, ayudando a reducir la sensación de incertidumbre.
Prevenir la sobrecarga derivada de los cuidados, procurando no delegar de forma excesiva en los familiares funciones de atención al paciente (curas, control de toma de medicamentos, etc.) e identificando sus necesidades.
Intensificar el seguimiento y apoyo a los cuidadores a medida que cambia la situación de la persona enferma para que se sientan seguros en aspectos como la gestión de medicación para el control del dolor y el manejo de las curas y los efectos secundarios de los tratamientos
Facilitar medidas para la conciliación laboral con el cuidado de la persona enferma.
Disponer de recursos de soporte para el afrontamiento de la pérdida antes y después del fallecimiento. Contar con asesoramiento para el autocuidado “Cuidarse para Cuidar” y con referentes profesionales para acompañamiento emocional, solventar dudas, recibir información.
La AECC solicita la creación y aprobación de una Ley de Cuidados Paliativos

Desde la Asociación Española Contra el Cáncer se solicita la creación y aprobación de una Ley de Cuidados Paliativos que garantice que todas las personas con cáncer que se enfrentan a un proceso de final de su vida y que necesitan cuidados paliativos especializados tengan asegurado el acceso a este derecho, independientemente del lugar donde residen.

Se puede acceder al informe completo desde la página Web de la AECC o bien directamente aquí:

Necesidades y barreras en los cuidados en el final de la vida: una aproximación cualitativa a través de experiencias de pacientes y familiares

martes, 5 de septiembre de 2023

Material para abordar el tema de la muerte con pictogramas

 

La Asociación Navarra de Autismo-ANA ha publicado un documento para abordar el concepto de la muerte a través de historias sociales.

El material, elaborado por su Presidenta, Amaya Ariz, contiene pictogramas de ARASAAC, para explicar en detalle y de un modo muy visual, el tema de la muerte, la pérdida de un ser querido y el duelo. El documento incluye también un apartado adaptado a niños y niñas más pequeños/as o con más afectación.

Se puede acceder a la historia social a través de la página Web de ANA o bien directamente a través del siguiente enlace:

Historia social: la muerte

Foto: Pixabay Fuente: pexels Fecha descarga: 18/03/2022

 

lunes, 6 de marzo de 2023

Cómo cuidar a las personas en el proceso de morir

 

“Es preciso recordar que las personas que se encuentran en la fase final de su vida, en su proceso de morir, presentan cuatro tipos de necesidades que precisan ser atendidas por quienes les cuidamos: las necesidades físicas o biológicas, las necesidades emocionales o psicológicas, las necesidades sociales o familiares y las necesidades espirituales o trascendentales. Estas cuatro necesidades deben ser satisfechas para conseguir morir bien, para morir en paz y con dignidad”. Así lo explica la guía Cuidar a las personas en el proceso de morir, publicada por la Fundación San Juan de Dios, con el objetivo de proporcionar pautas y recomendaciones sobre los cuidados que pueden prestar a una persona que se encuentra en el final de su vida.

La guía, especialmente dirigida a los familiares y cuidadores, aborda cuestiones asociadas a la humanización de la asistencia a través de la visión del enfermo como una persona con necesidades, el acompañamiento en el proceso de morir, la importancia del contacto físico, la escucha , cómo responder a sus preguntas sobre la muerte, la empatía, los cuidados paliativos o las necesidades del enfermo y de la familia durante el proceso.

Asimismo, la guía incluye un decálogo para cuidar bien al final de la vida, que se recoge a continuación:

1. Tratar al enfermo como un ser humano hasta el momento de su muerte. Y que no solo se le contemple como una estructura biológica, sino que además se tenga en cuenta su dimensión emocional, social y espiritual.

2. Que se le permita al enfermo expresar sus propios sentimientos y emociones sobre su forma de enfocar la muerte.

3. Que se le permita al enfermo participar en las decisiones que incumban a sus cuidados.

4. Que no se le deje morir solo, abandonado por sus seres queridos ni por los profesionales.

5. Que se responda a sus preguntas con sinceridad, que no se le engañe.

6. Que se le respete su individualidad y no se le juzgue por sus decisiones, aunque sean contrarias a las de quienes le atiendan.

7. Que le cuiden personas solícitas, sensibles y entendidas, intentando comprender sus necesidades y que, además, sean capaces de obtener satisfacción del hecho de ayudarle a afrontar la muerte.

8. Que quien le cuide al final de la vida lo haga como le gustaría que le cuidaran a él cuando llegue su momento.

9. Que no le precipiten deliberadamente su muerte, pero que tampoco prolonguen innecesariamente su agonía, sino que le ayuden a no sufrir mientras llegue su muerte.

10. Y que se atienda a sus seres queridos después de su muerte, para aliviar su pena.

Se puede descargar la guía en el siguiente enlace:

Cuidar a las personas en el proceso de morir

fuente: infocop


lunes, 23 de julio de 2018

Nuevo cuento Faros sobre la muerte y el duelo en la infancia

El duelo es un proceso emocional y psicosocial ante una pérdida. Si bien se trata de un proceso normal, es bien cierto que tanto niños como adultos se enfrentan al duelo de formas distintas, y a veces lo viven como una herida que debe cicatrizar.
Existen múltiples variables cómo la edad, factores culturales, la expresión o represión de emociones por parte de los padres, etc., que harán que unos lo vivan de una manera u otra.
Así lo afirma el Observatorio de Salud de la Infancia y de la Adolescencia de la Fundación FAROS del Hospital Sant Joan de Déu, que ha publicado el cuento titulado “El día que Ferran desapareció”, una narración a través de la cual se aborda un tema tan delicado como es la muerte y el duelo, a través de un niño que ha perdido de repente a su mejor amigo.
Este cuento se enmarca dentro de la recopilación que Faros ofrece en su plataforma digital Faros Familia, con el fin de fomentar la lectura y difundir valores y hábitos saludables en la población infantil.
El texto puede descargarse desde la página Web de la Fundación FAROS, o bien directamente a través del siguiente enlace:


FUENTE: INFOCOP

martes, 7 de marzo de 2017

Cómo preparar a los niños pequeños para el afrontamiento de la muerte


Ana León Mejía y Maialen Gorosabel Odriozola
Open University (Reino Unido) y Universidad Internacional de la Rioja

Decía el escritor de la antigua Roma, Publio Siro, que es más cruel temer a la muerte que morir. Crueldad a la que sumamos el dolor que nos produce perder a nuestros seres más queridos. Los niños no escapan a estos temores y sufrimientos, pero tienen menos herramientas cognitivas y emocionales que los adultos a la hora de enfrentarse al duelo. Por este motivo, es vital que padres y maestros ayuden a los más pequeños cuando tengan que enfrentarse a una muerte cercana. Y no es posible realizar esta tarea si no comprendemos cómo se enfrentan los niños a la muerte y qué necesitan de nosotros para que su duelo no sea patológico.

En primer lugar, debemos saber que el miedo a la muerte es adquirido y que, inevitablemente, los niños van a tener contacto con la muerte cotidianamente, pues escuchan las noticias, tienen mascotas que mueren, y observan este fenómeno en películas y dibujos animados. Así que el primer consejo para los mayores es abordar este tema directamente, y con sensibilidad, cuando el niño lance una pregunta o se cuestione qué es morir. Pero, ¿cómo explicarlo?

Tradicionalmente desde la psicología se ha subestimado el poder de los niños para entender conceptos fundamentales en la comprensión de la muerte como la irreversibilidad, universalidad y causalidad. Investigaciones recientes señalan que los niños sí son capaces de comprender que la muerte es un final (irreversible), que afecta a todos (universal) y que tiene que ver con el cese de las funciones corporales (causalidad). Así que estos son los elementos que debemos recoger en nuestra explicación.

Por otra parte, los más pequeños tienden a tomarse todas las cosas que les dicen sus mayores literalmente, así que debemos tener cuidado a la hora de enmascarar los hechos o usar metáforas que puedan confundirle (por ejemplo, el abuelito está durmiendo). Sin embargo, tampoco debemos ser excesivamente crudos para no violentar su pensamiento mágico, con lo cual lo deseable es hablarle con sensibilidad, pero evitando usar expresiones que dificulten la comprensión del fenómeno. Y debemos hacerlo sin olvidar incluir en la conversación los factores de irreversibilidad, universalidad y causalidad que mencionábamos anteriormente.

Una vez superada la fase de explicación debemos lidiar con el duelo, que es un proceso de aceptación de la muerte que se extiende en el tiempo. Aunque los niños no exteriorizan sus emociones como lo hacen los adultos, sí pasan por procesos de duelo, que de no ser superados desencadenan procesos patológicos, en los que es frecuente observar estos síntomas:
  • Llanto excesivo y prolongado en el tiempo.
  • Rabietas frecuentes y prolongadas.
  • Cambios extremos en la conducta y retraimiento prolongado.
  • Cambios evidentes en el rendimiento escolar.
  • Parasomnias frecuentes, tales como pesadillas o terrores nocturnos.
  • Apatía, falta de interés o motivación, insensibilidad.
  • Pérdida de peso y apetito.
  • Dolores de cabeza recurrentes.
  • Pensamientos negativos sobre el futuro o falta de interés por el mismo.
Además, existen distintos estilos a la hora de experimentar un duelo patológico. Así, tan perjudicial es prolongar en exceso los síntomas negativos que experimentamos durante el afrontamiento de la muerte (duelo crónico), como experimentar una reacción emocional insuficiente en el momento de la pérdida, ya que los síntomas harán aparición más tarde (duelo retrasado). Y, en esta misma línea, igualmente de nocivo es la experimentación de los síntomas del duelo en exceso, lo cual produce problemas de conducta y sensación de desbordamiento (duelo exagerado), como no relacionar a las emociones y problemas de salud y conducta con la pérdida sufrida (duelo enmascarado). Si conocemos estos distintos tipos de duelo, y estamos atentos a los indicadores señalados anteriormente, podremos identificar cuándo un niño no está procesando bien los acontecimientos.

¿Qué actuaciones pueden ayudar a superar un proceso de duelo? Hay diversas actividades y rituales simbólicos que pueden ayudar a los niños pequeños en esta difícil tarea. Lo fundamental es atender a la expresión y gestión emocional que debemos abordar desde un punto de vista lúdico.

En esta última fase resulta fundamental la colaboración entre familias y escuela, ya que estos son los dos agentes primarios de socialización del niño. Desde la escritura de cartas, dibujos, realización de murales y jardines de homenaje, pasando por los cuentos y las actividades de psicomotricidad, relajación y expresión emocional, el abanico es amplio. Sin embargo, es difícil que padres y maestros improvisen un protocolo de actuación que sea efectivo y esté coordinado.

Por esta razón, sería beneficioso que este protocolo existiera con anterioridad y pudiera ponerse en marcha rápidamente en caso de fallecimiento de un familiar cercano, un maestro, un compañero de colegio, etc. También es bueno que tenga una parte preventiva donde se aborde la pedagogía de la muerte con el fin de prepararles en el futuro cuando deban enfrentarse con la muerte. Dicho protocolo debe perseguir los siguientes objetivos:


Contamos con una propuesta, que hemos desarrollado las autoras de este artículo, para llevar a cabo en centros de educación infantil, la cual puede ser consultada gratuitamente, de modo que los centros escolares puedan aplicarla, y los padres puedan extraer un conocimiento más detallado sobre el afrontamiento de la muerte en los más pequeños y posibles líneas de actuación. Dicha aportación recoge algunas de las recomendaciones más sencillas y valiosas realizadas por expertos en esta materia, compilando en un sencillo protocolo los pasos más importantes que debemos seguir para ayudar a los más pequeños, desde la comunicación de la noticia, hasta el proceso de duelo.

El artículo completo puede encontrarse en la Revista Psicología Educativa:

Gorosabel-Odriozola, M. y León-Mejía, A. (2016). La muerte en educación infantil: algunas líneas básicas de actuación para centros escolares, Psicologiìa Educativa 22, 103–111, http://dx.doi.org/10.1016/j.pse.2016.05.001.

Ana León Mejía. Es profesora de psicología en el Departamento de Psicología de la Educación y Psicobiología de la Facultad de Educación de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR). En la actualidad también investiga en el grupo para la prevención de la ciberviolencia y acoso escolar Cyberbullying-Out.
 
Maialen Gorosabel Odriozola. Es graduada en Educación Infantil y Primaria, especialista en pedagogía de Emmi Pikler, Loris Malaguzzi y metodología de bosquescuela. Actualmente trabaja como coordinadora de distintos servicios de ocio y tiempo libre educativo en la asociación Txatxilipurdi Elkartea.

FUENTE: Infocop