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lunes, 9 de noviembre de 2020

Un nuevo estudio pone de relieve el papel de la ansiedad como factor de riesgo del absentismo escolar


La ansiedad en niños y adolescentes se asocia con el rechazo escolar, el absentismo y las faltas injustificadas.

Esta una de las principales conclusiones de un estudio publicado en la revista online Child and Adolescent Mental Health (Salud Mental de Niños y Adolescentes), bajo el título The association between anxiety and poor attendance at school-a systematic review (la asociación entre la ansiedad y la escasa asistencia escolar-una revisión sistemática).

Bajo la premisa de que “la ansiedad podría estar asociada con la baja asistencia escolar, lo que puede llevar a una serie de resultados académicos, sociales y económicos adversos”, investigadores de la Universidad de Exeter (Reino Unido) han llevado a cabo esta revisión sistemática sobre la evidencia existente en torno a dicha asociación, un aspecto cuya comprensión consideran fundamental para una detección temprana e inmediata de la ansiedad y la implementación de intervenciones apropiadas.

Tal y como manifiestan los autores del estudio, el contexto educativo juega un papel clave en el desarrollo académico, emocional y social de los niños. En este contexto, el absentismo escolar frecuente suele ser un factor de riesgo para los malos resultados académicos o el aislamiento social, entre otros.

A este respecto, recuerdan que hay una amplia variedad de motivos por los cuales un niño puede faltar a la escuela, siendo la ansiedad (de acuerdo con diversos estudios), un factor de riesgo importante. En este sentido, señalan la existencia de múltiples aspectos relacionados con el ámbito educativo con el potencial de elicitar síntomas de ansiedad –tales como la separación de los cuidadores primarios, la interacción social con el personal educativo y los compañeros, o el estrés académico-, y que pueden llevar a niños y adolescentes a evitar la escuela, convirtiéndose en un refuerzo negativo. Por ende, síntomas somáticos como dolores de cabeza, dolores de estómago y fatiga, que son comunes entre los niños con ansiedad, pueden contribuir en las ausencias escolares.

Dado el énfasis frecuente en la literatura de investigación relativa al posible papel que juega la ansiedad en la escasa asistencia escolar, los investigadores de este estudio realizaron una revisión sistemática de 4.930 artículos, recogiendo una visión general de la evidencia de dicha asociación. A continuación, presentamos las principales conclusiones del estudio:
  • El mayor cuerpo de evidencia se observa en relación con el absentismo y las ausencias injustificadas, que se asocian con la ansiedad en general, así como con la ansiedad generalizada y la ansiedad social, en particular. Asimismo, se observan asociaciones transversales entre el rechazo escolar y el trastorno de ansiedad por separación, la ansiedad social, el trastorno de ansiedad generalizada y las fobias simples.
  • Los datos revelan también una relación directamente proporcional entre los síntomas generales de ansiedad y el número de faltas o ausencias injustificadas. A juicio de los autores, es posible que las ausencias injustificadas se asocien con ansiedad solo cuando superan un cierto umbral, “tal vez, porque evitar la escuela puede reducir la ansiedad en estos casos subclínicos”.
  • Cuando los niños y niñas presentan síntomas somáticos, estos síntomas suelen interpretarse como signos de enfermedad física en lugar de secundarios a un problema emocional (ansiedad), lo que incrementa la probabilidad de que se justifique cualquier ausencia relacionada con los mismos.
  • Existen pocas investigaciones y escasa evidencia con respecto al papel que juega la ansiedad en las ausencias justificadas/médicas, a pesar de que estas últimas constituyen el tipo de ausencia más comunes. Esto debe ser una prioridad clave en futuras investigaciones.
  • Teniendo en cuenta que algunos estudios difieren a la hora de conceptualizar “el absentismo” y “las ausencias injustificadas” -considerándolos, en algunos casos, constructos diferentes y, en otros, utilizándolos indistintamente-, los investigadores inciden en la relevancia de lograr un consenso sobre la terminología apropiada, la creación de una definición clara y el establecimiento de métodos acordados para medir e informar de estos constructos.
  • En esta misma línea, ponen como ejemplo la terminología utilizada por el Departamento de Educación de Reino Unido, que utiliza el término “ausencia persistente” para describir a aquellos estudiantes que faltan al 10% (o más) de las clases, ya sean ausencias justificadas o injustificadas.
  • En opinión de los autores del estudio, puesto que no está claro si este 10% es el punto de corte más significativo en términos del potencial para las consecuencias educativas, sociales o emocionales adversas, sería importante que en estudios futuros se analicen diferentes umbrales y su relación con la escasa asistencia escolar.
Fuente: Finning , K., Ukoumunne, O.C., Ford, T., Danielson‐Waters, E., Shaw, L., Romero De Jager, I., Stentiford, L., y Moore, D.A. (2019). The association between anxiety and poor attendance at School-a systematic review. Child and Adolescent Mental Health (Open Access). https://doi.org/10.1111/camh.12322


lunes, 23 de marzo de 2020

El 80% de niños y adolescentes con trastorno de ansiedad no recibe tratamiento, según un informe


En los últimos 10 años, han aumentado los diagnósticos de trastornos de ansiedad en jóvenes menores de 17 años, pasando de un 3,5% a un 4,1% en la actualidad.

Así lo afirma el Instituto de la Mente Infantil (Child Mind Institute) -organización estadounidense sin ánimo de lucro, cuyo fin es el de facilitar las vidas de los niños y las familias que lidian con la salud mental y los trastornos del aprendizaje-, en su nuevo informe sobre Salud Mental en la Infancia, cuya temática, en esta edición 2018, versa en torno a los trastornos de ansiedad infanto-juveniles, analizando su prevalencia actual y el impacto de factores de riesgo tempranos, y describiendo los tratamientos eficaces a los que se accede con mayor frecuencia.

Tal y como señala el informe, algunos niños reaccionan evitando o mostrando miedo desproporcionado ante determinadas situaciones u objetos, mientras que otros muestran un comportamiento más explosivo, que, en ocasiones, puede interpretarse erróneamente como oposicionista u hostil.

En los jóvenes que presentan fobias o trastorno de ansiedad social, sus dificultades se pueden atribuir a la "timidez", y pocas personas reconocen la grave angustia que experimentan. De hecho, añade, muchos jóvenes no se dan cuenta de que las reacciones abrumadoras que experimentan derivan de un problema que puede tratarse eficazmente.

Atendiendo a lo anterior, el Instituto considera de interés abordar en profundidad esta problemática, cuyas conclusiones principales recogemos a continuación:

  • En la infancia y la adolescencia, los trastornos de ansiedad son los más habituales, tanto en los Estados Unidos como en todo el mundo. De hecho, su reconocimiento clínico ha aumentado en la última década, registrándose un aumento de los diagnósticos de trastorno de ansiedad en jóvenes menores de 17 años, que han pasado del 3,5% a un 4,1% en la actualidad
  • Aproximadamente, 117 millones de niños y adolescentes en todo el mundo han sufrido un trastorno de ansiedad. Aunque cerca del 10% de los jóvenes de 6 a 17 años presentan actualmente un trastorno de ansiedad, al inicio de su edad adulta, casi el 20% tendrá dificultades funcionales relacionadas con la ansiedad en al menos una área de su vida. En los niños, los trastornos de ansiedad pueden afectar todos los aspectos de su vida, pero particularmente su funcionamiento social y educativo.
  • El porcentaje de adolescentes estadounidenses que cumplirán los criterios para un trastorno de ansiedad es del 13% para la fobia específica, 9% para un Trastorno de ansiedad social, 8% para la ansiedad por separación, 2% para el trastorno de pánico, y 2% para el trastorno de ansiedad generalizada. Sin tratamiento, muchos subtipos persisten en la edad adulta.
  • Actualmente, los estudiantes de secundaria presentan más síntomas de ansiedad, y tienen el doble de probabilidades de acudir a un profesional de salud mental que en la década de los 80.
  • La ansiedad es la principal causa de preocupación en los servicios de orientación universitaria, superando a la depresión como la principal demanda entre los estudiantes universitarios que acuden a los servicios de salud mental, siendo la ansiedad la preocupación más frecuente (48%), seguida del estrés (39%).
  • Uno de los factores de riesgo más fuerte y que se detecta en primer lugar, es el temperamento. Algunas investigaciones ponen de relieve el vínculo entre el temperamento temprano y los patrones de comportamiento posteriores: la inhibición de la conducta en los primeros años de vida predice el aislamiento social en la infancia. Los datos al respecto sugieren que el 15% de los adolescentes que presentan una conducta inhibida, tienen cinco veces más probabilidades de desarrollar ansiedad social que aquellos que no la tienen. Asimismo, el 61% de los adolescentes que a los 2 años ya mostraban una conducta inhibida, presentan signos de ansiedad social a la edad de 13 años, al interactuar con adultos desconocidos.
  • Muchos niños cuya ansiedad es causante de una angustia severa, por ejemplo, aquellos con mutismo selectivo, son etiquetados como "niños tímidos". A este respecto, el informe advierte “de la preocupación generalizada por medicalizar toda timidez”. Por ello, subraya la importancia de distinguir entre timidez normal y ansiedad clínica, recordando que, según algunos estudios, alrededor del 50% de los adolescentes se consideran "tímidos", y, sin embargo, solo el 12% de esos adolescentes tímidos cumplen criterios para un trastorno de ansiedad social.
  • Los trastornos de ansiedad se manifiestan en diferentes momentos de la infancia y la adolescencia. La ansiedad por separación afecta principalmente a los niños más pequeños (10,6 años), mientras que la ansiedad social se presenta más adelante, cuando las relaciones entre iguales cobran más importancia (14 años). En el caso del trastorno de ansiedad social, una edad más temprana de inicio se relaciona con una mayor severidad en años ulteriores.
  • Con respecto al género, las mujeres tienen un mayor riesgo de trastornos de ansiedad, y esta diferencia de género comienza en la pubertad. Las adolescentes tienen el doble de probabilidades de tener un trastorno de ansiedad.
  • Los factores de riesgo genéticos juegan un papel particularmente importante en el trastorno de pánico y el trastorno de ansiedad generalizada. Los hijos de padres ansiosos tienen cinco veces más probabilidades de desarrollar un trastorno de ansiedad.
  • El inicio del trastorno de ansiedad social en adolescentes se relaciona con un evento estresante. La mitad de todos los adultos con trastorno de ansiedad social puede señalar un evento embarazoso específico durante su adolescencia que lo inició, mientras que un tercio identifica un evento extremadamente estresante que probablemente desempeñó un rol esencial.
  • Los trastornos de ansiedad se asocian con frecuencia a problemas médicos. Hay estudios que ponen de manifiesto una asociación significativa entre el asma y los trastornos de ansiedad, cuyas tasas se incrementan con la gravedad de los síntomas físicos.
  • Las afecciones alérgicas y los trastornos de ansiedad pueden ser el resultado de factores de riesgo subyacentes comunes. Algunas investigaciones revelan una relación entre los trastornos atópicos (incluidos el eccema y la fiebre del heno) y la ansiedad. Asimismo, la ansiedad a los 5 años se asocia con asma severa y persistente en la adolescencia.
  • Los trastornos de ansiedad en la infancia están estrechamente relacionados con un mayor riesgo de depresión, ansiedad, problemas de conducta y abuso de sustancias posteriores:
Depresión

El trastorno de ansiedad social tiene una elevada correlación con el desarrollo de depresión: el doble que en otros trastornos de ansiedad y el triple en comparación con los jóvenes sin ansiedad. El trastorno de ansiedad social con inicio en la infancia y la adolescencia provoca un inicio más temprano de la depresión y un funcionamiento social deficiente. En la adolescencia, cuando la depresión cursa simultáneamente con la ansiedad social, está fuertemente asociada con ideas suicidas, intentos de suicidio y más síntomas depresivos.

Ansiedad a largo plazo

La ansiedad infantil es un fuerte predictor de un trastorno de ansiedad durante la adolescencia: el trastorno de ansiedad por separación infantil predice la ansiedad de separación adolescente. El trastorno de ansiedad generalizada se asocia también con ansiedad y ataques de pánico posteriores. El trastorno de ansiedad social en los niños está asociado con el trastorno de ansiedad generalizada de los adolescentes, la ansiedad social continua y el TDAH.

Abuso de sustancias

El riesgo de trastorno por uso de sustancias se duplica en los trastornos de ansiedad. Los trastornos de ansiedad en la niñez, incluidos el pánico y la ansiedad social, están relacionados con un mayor riesgo de consumo de sustancias, en particular el abuso y la dependencia del alcohol.

Problemas de conducta

Múltiples estudios han evidenciado también un vínculo entre los síntomas de ansiedad temprana y el desarrollo posterior de problemas de comportamiento y conductas disruptivas.

La fobia social no tratada se asocia con una serie de consecuencias negativas, entre ellas, un bajo rendimiento escolar y laboral, el abandono escolar y el desempleo.

Los niños cuya ansiedad se manifiesta en forma de rabietas, oposición o arrebatos violentos, se encuentran, a menudo, con problemas disciplinarios, con visitas a emergencias, etc.
  • Existe una creciente obsesión entre los adolescentes con el entorno que les permite conectarse con sus amigos. Los datos de 2018 referentes a la prevalencia y hábitos del uso de las redes sociales entre adolescentes, revelan que el 95% tiene un teléfono inteligente y el 45% están online "casi constantemente" (en comparación con el 24% en 2014).
  • El 24% de los adolescentes considera que las redes tienen un impacto negativo, siendo la razón principal la propagación de rumores y el bullying. Para el 31%, las redes sociales tienen un efecto mayormente positivo, al facilitar la conexión con amigos y familiares.
  • El 97% de los jóvenes de entre 11 y 17 años utilizan las redes sociales. El 35% de ellos, revelan problemas de sueño, y el 47% ansiedad. De hecho, una mayor inversión emocional en las redes sociales, se correlaciona fuertemente con niveles más elevados de ansiedad: la cantidad de tiempo dedicado al uso de las redes sociales se relaciona directamente con mayores síntomas de ansiedad y una alta probabilidad de cumplir los criterios para un trastorno de ansiedad.
  • Los autores del informe sugieren dos teorías que podrían explicar este fenómeno: las redes sociales pueden ser una fuente de estrés que contribuye a los síntomas de ansiedad, o los jóvenes con ansiedad elevada tienden a involucrarse en un mayor uso de las redes sociales, tal vez, como una forma de reafirmación que busca aliviar los síntomas de ansiedad.
  • En cuanto a la detección y prevención, la mayoría de las personas que experimentan un trastorno de ansiedad no buscan tratamiento, particularmente aquellos con síntomas menos severos. De acuerdo con este informe, es fundamental garantizar que los casos leves y moderados accedan a la atención basada en la evidencia, evitando así una carga sustancial.
  • Desafortunadamente, los trastornos de ansiedad a menudo pasan desapercibidos: tan solo el 1% de los jóvenes con ansiedad busca tratamiento en el año en que comienzan sus síntomas, y la mayoría de los síntomas de ansiedad no se tratan durante años.
  • A pesar de que se diagnostican más niños, aún hay muchos que no se detectan -y, por tanto, no reciben tratamiento-, debido a la falta de signos externalizantes y/o porque los jóvenes tienen dificultades para identificar cuándo la ansiedad que presentan no es normal.
  • El primer paso para ayudar a los jóvenes es identificar correctamente los síntomas de ansiedad. Esta suele confundirse con otros trastornos, lo que resulta en un tratamiento ineficaz. Algunos errores comunes de diagnóstico son los Trastornos del aprendizaje, el TDAH, la Depresión, el Autismo, la Psicosis y el trastorno negativista desafiante.
  • Hay algunas investigaciones que sugieren que la prevención (intervención antes de que un niño en riesgo o ansioso desarrolle un trastorno de ansiedad completo) es eficaz en niños en edad escolar y adultos jóvenes. Las intervenciones con programas de prevención comunitarios dirigidos a jóvenes adultos han mostrado su eficacia, reduciendo los síntomas de ansiedad en un 60%.
Con respecto al tratamiento, los datos ponen de manifiesto que los adolescentes y sus padres están comenzando a reconocer que los trastornos de ansiedad pueden llegar a ser graves, y cada vez son más familias las que buscan atención y tratamiento. Sin embargo, pese a la creciente conciencia, la proporción de jóvenes que reciben tratamiento sigue siendo la más baja de todas las principales categorías de trastornos de salud mental, muy por debajo de la prevalencia de ansiedad en la población: “en algún momento, el 30% de los niños y adolescentes cumplirán los criterios para un trastorno de ansiedad, pero el 80% nunca recibirá ayuda”.

En este punto, el informe pone de relieve el papel de la terapia cognitivo-conductual en el tratamiento de los trastornos de ansiedad. En esta línea, la exposición y prevención de respuesta es un tipo de TCC que funciona al ayudar a los niños a abordar su ansiedad y sus temores en pasos incrementales, dentro de un entorno seguro y controlado. Los beneficios del tratamiento cognitivo conductual se mantienen a largo plazo en el 93% de los niños y adolescentes.

En relación con las intervenciones cognitivo conductuales online, algunas investigaciones han demostrado que los pacientes son más abiertos y honestos con respecto a sus síntomas cuando interactúan con "humanos virtuales" y no creen que sean observados o juzgados.

La meditación con conciencia plena se está introduciendo cada vez más en una amplia variedad de contextos (escuela, salud mental clínica) para ayudar a los jóvenes a manejar el estrés, la emotividad y las conductas problemáticas.

La familia juega un papel esencial en la respuesta al tratamiento. La terapia con pautas para padres y madresestá mostrando resultados beneficiosos, produciendo una alta satisfacción en los padres, que informan de una reducción en los síntomas infantiles (el 60% de los niños presentan mejores resultados después de que sus padres sigan una terapia parental).

El informe se encuentra disponible a través de la página Web del Instituto, o bien a través del siguiente enlace:

Understanding Anxiety in Children and Teens

FUENTE: INFOCOP

miércoles, 11 de diciembre de 2019

La OMS señala la importancia de fomentar la resiliencia en niños y adolescentes



La adolescencia y la edad adulta son períodos vitales en los que se producen muchos cambios. En algunos casos, los diferentes cambios y sucesos acaecidos durante la adolescencia pueden ser causa de estrés o aprensión, y, en determinadas ocasiones, si no se reconocen y controlan, estos sentimientos pueden causar problemas de salud mental.

Así lo afirma la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un comunicado emitido con motivo del Día Mundial de la Salud Mental 2018 (celebrado el pasado mes de octubre), cuyo lema este año hace referencia a Los jóvenes y la salud mental en un mundo en transformación.

Tal y como señala la OMS, pese a los beneficios que pueden reportar las tecnologías online, el incremento cada vez mayor de su uso, puede generar también “tensiones adicionales”, al interferir en los hábitos saludables de los jóvenes.

El comunicado hace especial mención también a aquellos adolescentes que viven en zonas afectadas por emergencias humanitarias (por ej., conflictos, desastres naturales y epidemias), por su especial vulnerabilidad a la angustia y a los problemas de salud mental.

El texto pone de relieve algunas problemáticas alarmantes en la adolescencia, tales como el suicidio (que supone la segunda causa de muerte entre los 15 y los 29 años), el uso nocivo de alcohol u otras drogas ilícitas -y la consecuente comisión de conductas peligrosas-, o los trastornos alimentarios, entre otras.

En relación con lo anterior, la Organización advierte del inicio temprano en la mitad de los problemas de salud mental (antes de los 14 años), así como de la no detección y falta de tratamiento en la mayoría de los casos. A este respecto, resalta la importancia de ayudar a crear resiliencia mental desde edades tempranas“para poder hacer frente a los retos que plantea el mundo actual”. En este sentido, expone los beneficios de la promoción y la protección de la salud del adolescente, no solo para la salud a corto y a largo plazo, sino también para la economía y la sociedad.

Según indica, la prevención comienza por conocer y entender los signos y síntomas precoces que alertan de un problema de salud mental. Asimismo, recuerda el rol fundamental que juegan padres y profesorado a la hora de ayudar a los niños y adolescentes a desarrollar aptitudes que les ayuden a hacer frente a los retos que surgen en su vida diaria, tanto en el ámbito familiar como en el educativo. En este contexto, así como en otros entornos comunitarios, recomienda prestar apoyo psicológico y social, subrayando aquí la trascendencia de mejorar la capacitación de los profesionales de la salud para la eficaz detección y abordaje de los problemas de salud mental.

La OMS finaliza poniendo de manifiesto la importancia de la inversión pública y la participación del sector social, de salud y de la educación en programas integrales, integrados y basados en la evidencia, para la salud mental de los jóvenes.

FuenteOMS / infocop

lunes, 18 de febrero de 2019

Nuevo manual para trabajar con menores las sustancias psicoactivas, ludopatías y adicciones tecnológicas

En la actualidad, uno de los principales problemas que preocupan a las familiases el uso de la tecnología por parte de sus hijos e hijas. Así lo afirma la Confederación Española de Asociaciones de  Padres y Madres del Alumnado (CEAPA), ante la, cada vez mayor, cantidad de familias que demandan orientación en este ámbito.

Por ello, ha desarrollado un documento de recursos educativos dirigido tanto a familias como a personas que quieran realizar procesos formativos con familias, relacionados con las nuevas tecnologías. A lo largo del texto, se recogen doce actividades, entre ellas: habilidades para resolver conflictos cotidianos en el hogar, herramientas de control parental, la identidad digital, mitos sobre los juegos de azar, conversaciones con el wassap, etc.

En opinión de CEAPA, el manual facilitará una información para que desde las propias familias se construya una relación responsable, consciente y provechosa con las nuevas tecnologías.

Asimismo, recomienda utilizar la guía complementaria sobre nuevas tecnologías y adicciones, antes de llevar a cabo cualquier actividad de este manual.

El documento se puede descargar desde la página Web de CEAPA, o bien directamente a través del siguiente enlace:


FUENTE: INFOCOP

lunes, 14 de enero de 2019

Las redes sociales son un factor de riesgo para la autoestima de los más jóvenes

Un trabajo de la Universidad de Córdoba ha estudiado cómo afecta el uso de las redes sociales en la autopercepción de la imagen corporal entre los jóvenes y su relación con los trastornos alimentarios.

En concreto, se ha estudiado la influencia de la publicidad de las redes sociales en la autoimagen de los jóvenes. Para ello, se exploró la frecuencia de videos publicitarios publicados en redes sociales como Twitter, Instagram, Youtube o Facebook; visibilizando la repercusión de estos productos audiovisuales en la vida diaria de sus usuarios. En cuestiones cualitativas, destaca el marcado estereotipo de belleza que se promueve, especialmente en el caso de las mujeres.

El estudio también implementó encuestas sobre autopercepción de la imagen corporal dirigidas a una muestra del alumnado de la Universidad de Córdoba con edades comprendidas entre los 18 y los 25 años, que evaluaron la influencia de las redes sociales.

Además, asumiendo la conexión entre la baja autoestima con los desórdenes alimentarios que se derivan de querer cambiar la imagen mediante purgas y hábitos poco saludables, se consultó a un grupo de profesionales de la salud y de la enfermería sobre la actualidad de esos desórdenes. Este grupo advirtió sobre el aumento de estos trastornos de la alimentación y la gran influencia de las redes sociales en estos trastornos. Evaluaron la publicidad como un factor de riesgo con un valor de 4.60 puntos sobre una escala de 5.

Con todos estos datos, la investigación concluye que para la población joven, la influencia de la publicidad de las redes sociales sobre la autoimagen y la disminución de la autoestima, es mayor a medida que aumenta la frecuencia de conexión y el tiempo de exposición a redes sociales. En concreto, se ha visto que esta correlación se produce principalmente en las mujeres.

Según este trabajo, las mujeres encuestadas consideraban que la imagen femenina mostrada por la publicidad es extremadamente estereotipada e inclinada hacia una delgadez extrema. Sin embargo, a la hora de señalar cuál era su imagen deseada, su respuesta se acercaba bastante a esa imagen prototípica. Respecto a los hombres, se observó que también buscaban asemejarse más al cuerpo musculoso que se visualiza en la publicidad, sin embargo, su preocupación por llegar parecerse a ese estereotipo no era tan significativa. Una peor autoestima previa de las mujeres, parece ser la causa de estas diferencias entre géneros.

A la vista de los resultados, parece imprescindible la creación de programas educativos que fomenten una relación más saludable con la alimentación y que refuercen la autoestima (especialmente las mujeres), así como el control de los estereotipos de belleza que se muestran en la publicidad; todo ello con el objetivo de que las personas más jóvenes puedan disfrutar de las ventajas de las redes sociales sin que estas se conviertan en un factor de riesgo.

Fuente:


ARTÍCULO PUBLICADO EN INFOCOP

lunes, 19 de noviembre de 2018

La ONU recomienda que la prescripción de psicofármacos sea el último recurso en los trastornos de comportamiento infantiles

El Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas (Committee on the Rights of the Child) ha publicado un informe a través del cual expone una serie de observaciones sobre los Derechos de la Infancia en España, fruto de su evaluación previa, el pasado mes de enero, sobre el cumplimiento de la Convención Internacional de los Derechos del Niño por parte de nuestro país.

En su documento de observaciones finales, el Comité encomia la ratificación del Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño, y acoge con satisfacción los progresos realizados por el Estado español en diversas esferas, tales como la creación de Comisión de Observatorios de Infancia (COINF) o la  aprobación de la Ley Orgánica 8/2015 de 22 de julio y la Ley 26/2015, de 28 de julio, por la que se modifica el sistema de protección de niños y adolescentes, y en la que se ha incluido la obligación de evaluar el impacto en los niños y adolescentes de todos los proyectos legislativos, entre otras.

Asimismo, recoge en su informe las principales áreas de preocupación y recomendaciones para tomar medidas urgentes, en torno a diversos temas clave que afectan a la actual situación de niños y adolescentes españoles, algunas de las cuales resumimos a continuación:
  • El Comité expresa su grave preocupación ante el insuficiente nivel de inversión en los niños para compensar los efectos negativos de la grave crisis económica y social que comenzó en 2008, y que ha provocado un aumento de la pobreza y la exclusión social y la desigualdad. Especialmente preocupante es el impacto negativo de los recortes en la inversión pública en la aplicación de la Convención -fundamentalmente para los niños en situaciones desfavorecidas o marginadas, incluidos aquellos pertenecientes a familias de bajos ingresos-, principalmente en las esferas de la educación, la salud, la vivienda y la protección social, así como la ausencia de un análisis presupuestario coherente en el plano nacional y en diversas regiones o comunidades autónomas.
Ante esto, considera necesaria la implementación de sistemas y medidas de protección social apropiados para todos, e insta a España a promover en todas las comunidades una evaluación de las necesidades presupuestarias, y a fortalecer las políticas integrales de protección social para niños y sus familias, con un enfoque específico en niños y familias en riesgo y en la mayoría de las necesidades de apoyo.
  • El informe recomienda que el Estado Parte adopte las medidas necesarias para proteger y reforzar el control independiente de los derechos de la infancia, teniendo en cuenta el interés superior del niño en todos los procesos y decisiones legislativas, y restituya la figura de Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid (suprimida en 2012), reforzando a su vez la capacidad del Defensor del Pueblo para recibir, investigar y tratar las denuncias de los niños.
  • A pesar de que el castigo corporal está prohibido en todos los entornos, el informe señala con inquietud la persistencia, en la actualidad, del castigo corporal, particularmente en el hogar. A este respecto, pide a España a continuar concienciando sobre la ilegalidad del castigo corporal y sus efectos negativos sobre el desarrollo del niño, promoviendo formas positivas, no violentas y participativas de crianza y disciplina del niño.
Lamentando aquí la falta de progresos en la aprobación de una ley integral sobre la violencia contra los niños, sugiere que se agilice la aprobación y aplicación de leyes que garanticen la protección integral de los niños contra la violencia, que se impulsen programas de sensibilización y educación (en los que participen los niños sobre su derecho a no ser objeto de violencia y sobre dónde buscar asistencia en casos de violencia, abuso o abandono), y se fomenten programas basados en la comunidad destinados a prevenir y combatir la violencia doméstica, el maltrato infantil y el abandono.
  • Un motivo de profunda preocupación para el Comité es la discriminación que aún existe en los niños por motivos de discapacidad, origen racial o étnico y condiciones socioeconómicas. Expresa además su inquietud por la persistencia, pese a los esfuerzos realizados por España, de la discriminación racial y la estigmatización de los niños de etnia gitana y los de origen inmigrante.
Por ello, insta a que se fortalezcan las medidas para prevenir y combatir la discriminación contra los niños en todos los sectores de la sociedad, y se garantice la plena aplicación de las leyes vigentes pertinentes que prohíben estas conductas. En esta línea, recomienda también que se promuevan las campañas de educación pública para combatir la estigmatización y la discriminación.
  • En relación con los derechos de los niños con discapacidad, el informe recomienda la aplicación plena de un enfoque de la discapacidad basado en los Derechos Humanos, que garantice la igualdad de acceso a la educación inclusiva de calidad, y que agilice el Segundo Plan Nacional de Accesibilidad y garantice su implementación para la inclusión de los niños con discapacidad.
En este proceso es esencial la formación permanente de todo el personal educativo implicado, garantizando la provisión de suficiente de apoyo individual y toda la atención necesaria a los niños con dificultades de aprendizaje. Asimismo, pide facilitar a los niños con discapacidades el acceso a la atención médica, incluidos los programas de detección temprana e intervención, y que se emprendan campañas de sensibilización dirigidas a funcionarios públicos, el público y las familias para combatir la estigmatización y los prejuicios contra estos niños, promoviendo una imagen positiva como titulares de derechos.
  • Afirmando que los psicólogos deberían están disponibles en todas las escuelas públicas, el Comité recomienda promover el desarrollo de una política de salud mental para niños y garantizar que el personal esté adecuadamente cualificado para ello. Asimismo, pone de relieve la importancia de reducir los tiempos de espera excesivamente largos en el acceso a los servicios de salud mental infanto-juveniles, incrementando su disponibilidad, y que se incluya la atención terapéutica y el apoyo a las familias después del alta de los niños en las clínicas.
Hace hincapié también en la necesidad de establecer un protocolo para el diagnóstico y tratamiento del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) y otros trastornos del comportamiento en niños, fomentando el desarrollo de alternativas sin medicamentos. A este respecto, insta a garantizar un diagnóstico exhaustivo y que la prescripción de psicofármacos y psicoestimulantes sea una medida de último recurso, y, únicamente, después de una evaluación individualizada en pro del interés superior del niño, proporcionando suficiente información tanto a los niños como a sus familias sobre el tratamiento médico, sus posibles efectos secundarios y otras alternativas no médicas.
  • Ante los datos de la Estrategia nacional sobre drogas 2009-2016 -que advierten de un ligero aumento en la edad a la que los niños comienzan a abusar de sustancias-, y haciendo referencia a los Objetivos de Desarrollo Sostenible para fortalecer la prevención y el tratamiento del abuso de sustancias, incluido el uso indebido de estupefacientes y el uso nocivo del alcohol, el Comité recomienda a España reforzar sus medidas para prevenir y abordar la incidencia del uso indebido de sustancias, especialmente tabaco, cannabis y alcohol, por parte de niños y adolescentes.
  • La Educación es una de las grandes inquietudes del Comité, especialmente la posible disminución de la inversión general en esta área y la existencia de disparidades entre las comunidades autónomas. También le preocupa los resultados educativos y la alta tasa de abandono prematuro, recordando que, aproximadamente un quinto de todos los estudiantes de secundaria no obtienen el diploma de Educación Obligatoria, especialmente las niñas de etnia gitana, los niños inmigrantes y aquellos que viven en situación de pobreza.
En este punto, pide al Estado fomentar un diálogo nacional sobre las características básicas y estructurales del sistema educativo, y a proteger los recursos dedicados a la educación y la formación de los niños, ofreciendo programas de refuerzo, orientación y apoyo para prevenir el abandono escolar prematuro y garantizando el acceso a la educación obligatoria de calidad para todos los niños, incluida la cobertura de los costos indirectos relacionados con la educación obligatoria.
Un grave problema que no puede dejar de mencionar es la incidencia de intimidación y acoso escolar, incluso sobre la base de la discapacidad, la orientación sexual y la identidad de género, en las escuelas y en las redes sociales, y la implementación inadecuada de políticas y estrategias para abordar su ocurrencia.
El informe subraya la trascendencia de establecer una estrategia para combatir la intimidación y el acoso, incluido el acoso cibernético (ciberbullying), que aborde la prevención, los mecanismos de detección temprana, el empoderamiento de niños y profesionales, y los protocolos de intervención. En este sentido, considera esencial eliminar los estereotipos de género relacionados con la educación, incluidos los libros de texto y los programas de estudio.
El Comité finaliza sus observaciones instando a España a que adopte todas las medidas adecuadas para garantizar que las recomendaciones que figuran en su informe se apliquen plenamente.

El documento se encuentra disponible en inglés en la página Web de la ONU, o bien directamente a través del siguiente enlace:


FUENTE: INFOCOP

lunes, 12 de noviembre de 2018

Guía para ayudar a los niños tras un evento traumático

El Instituto de la Mente Infantil (Child MInd Institute) ha publicado una guía a través de la cual ofrece una serie de recomendaciones para padres, profesores y líderes comunitarios, orientadas ayudar a niños y adolescentes que han pasado por un evento traumático.

El documento, elaborado por profesionales de la salud mental especializados en crisis y emergencias -entre ellos psicólogos-, establece algunas pautas generales para ayudar a niños y jóvenes, ejemplificando algunos síntomas y signos indicativos de estrés tras el suceso. Asimismo, se estructura en varios apartados, a través de los cuales aborda de forma específica estas recomendaciones adaptadas a cada edad del desarrollo, desde el nacimiento hasta los 18 años, e incluye un apartado dirigido a docentes.

La guía se encuentra disponible en la página Web del Instituto, o bien directamente a través del siguiente enlace:



FUENTE: INFOCOP

lunes, 22 de octubre de 2018

Los acontecimientos vitales estresantes, la sintomatología y la adaptación en la infancia

Mayelin Rey-Bruguera1, Isabel Calonge-Romano2, María del Rosario Martínez-Arias2

1Centro de Salud Mental de Ciudad Lineal, Hospital Universitario Ramón y Cajal, Madrid

2Universidad Complutense de Madrid

La infancia es un momento crítico del desarrollo, donde el niño, que depende completamente de los adultos que le cuidan, es permeable a lo que ocurre a su alrededor. La infancia también es un momento crítico en el desarrollo de psicopatología, puesto que alteraciones psicopatológicas importantes de la etapa adulta comienzan a gestarse o a expresar leves manifestaciones en la infancia.

Los acontecimientos vitales estresantes (AVE) han generado un productivo campo de estudio en la Psicología. Sin embargo, la mayoría de los trabajos se centran en la etapa adulta o en la adolescencia, olvidando un momento evolutivo tan relevante como es la infancia. También resultan llamativos los escasos estudios sobre los AVE en niños que acuden como pacientes a las consultas de salud mental.

La investigación se plantea responder a varias preguntas: ¿cuántos AVE sufren nuestros niños? ¿Los niños pacientes experimentan más AVE que los escolares? ¿Hay algún tipo de AVE más frecuente en los pacientes? ¿Se relacionan los AVE con un menor nivel de adaptación? Para ello, se examinaron las relaciones entre los AVE y la sintomatología y la adaptación en 552 niños de 10 a 12 años, comparando pacientes en tratamiento en salud mental con alumnos de centros educativos.

Los AVE explorados fueron eventos de carácter negativo, sucedidos en los dos últimos años, que implicaban algún tipo de pérdida, como la separación de sus figuras de apego, de otras personas significativas o de su contexto conocido. Estos eventos, aunque independientes del control de los niños, podían depender o estar bajo el control de sus progenitores. Algunos de estos AVE fueron: fallecimiento de un progenitor o de un familiar cercano, enfermedad con ingreso hospitalario de un progenitor, separación de los progenitores o cambio de país. No se incluyeron sucesos traumáticos (p. ej. catástrofes) o crónicos (p. ej. maltrato).

La sintomatología analizada se diferenció en síntomas externalizantes, como alteraciones de conducta e hiperactividad, y síntomas internalizantes, como depresión y ansiedad. La adaptación escolar incluyó elementos como el sentido de pertenencia al colegio, la relación con el profesorado y el compromiso con el aprendizaje. Mientras que la adaptación familiar implicó la comunicación con los progenitores y la satisfacción en las relaciones con los progenitores y con la familia.

Los progenitores o tutores legales autorizaron la participación de los niños en la investigación. Los niños respondieron de manera individual a los cuestionarios de autoinforme: los alumnos  en el horario escolar y los pacientes el día que acudían a consulta.

Los resultados indicaron que aproximadamente el 10% de los participantes no había tenido ningún AVE en los últimos dos años. Es decir, cerca del 90% informó haber experimentado al menos un AVE. El promedio de AVE superó los tres eventos, siendo superior esta cifra en los pacientes. Además, cuatro AVE aparecieron más en los pacientes que en los escolares, a saber: cambio de colegio, pérdida de empleo de los progenitores, separación de los progenitores y fallecimiento del padre.

La investigación permite comprobar cómo los niños pueden verse afectados por las situaciones de estrés, que impactan en su funcionamiento. Los AVE se relacionaron con, y además predijeron, una mayor presencia de sintomatología, externalizante, internalizante y depresiva, y un menor nivel de adaptación escolar y familiar. En los pacientes se observó una mayor relación entre los AVE de tipo familiar y los síntomas de hiperactividad.

La importancia de este estudio radica en el escaso número de investigaciones sobre los AVE con población infantil y de salud mental, y donde los niños sean los propios informantes de los AVE que experimentan, de sus emociones y comportamientos. Asimismo, destacar que es un estudio llevado a cabo en la Comunidad de Madrid en el contexto social actual.

Las situaciones de estrés pueden tener un efecto importante en los niños, pudiendo llegar a provocar síntomas o trastornos (factor de riesgo), o bien que el niño se adapte a las adversidades y desarrolle fortalezas que le ayuden en su vida (factor de protección).

La detección precoz de los AVE en el contexto escolar o en atención primaria, podría poner en marcha medidas de apoyo escolar, familiar o en el entorno comunitario con la finalidad de prevenir o reducir ulteriores dificultades.

Las implicaciones para la psicología educativa y la psicología clínica son evidentes. Si consideramos los AVE como factores de riesgo lograremos una visión más completa de la realidad de la infancia. A nivel de prevención, el papel de los profesionales es fundamental para identificar a los niños en situaciones de riesgo para ofrecer los apoyos necesarios. A nivel de intervención, tener en cuenta una perspectiva de abordaje integral del menor. Los síntomas que presentan los niños no pueden ser valorados de manera aislada, sino que deben ser analizados dentro de su contexto, para desarrollar estrategias de prevención e intervención que se adapten a los menores, a su entorno inmediato y a las características particulares de cada situación. A las consultas de salud mental acuden niños con síntomas que no se entenderían si no tuviésemos en cuenta el contexto familiar o social y su propia historia personal.

Conocer los factores de riesgo de psicopatología en la infancia es esencial para mejorar la atención en esta etapa y en momentos posteriores de la vida.

El artículo completo puede encontrarse en la Revista Clínica y Salud :


Mayelin Rey-Bruguera, M.; Calonge-Roman, I. y Martínez-Arias, M.R. (2017). Los acontecimientos vitales estresantes, la sintomatología y la adaptación en la infancia: estudio comparativo con pacientes de salud mental y escolares. Clínica y Salud 28, 123-129.
Mayelin Rey Bruguera. Psicóloga clínica y doctora en Psicología, Programa infanto – juvenil, Servicios de Salud Mental de Ciudad Lineal, Hospital Universitario Ramón y Cajal, Servicio Madrileño de Salud (SERMAS).
Isabel Calonge Romano. Profesora titular del departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico I (Personalidad, Evaluación y Psicología Clínica), Facultad de Psicología, Universidad Complutense de Madrid.
 
Maria Del Rosario Martínez Arias. Catedrática del departamento de Metodología y Ciencias del Comportamiento, Facultad de Psicología, Universidad Complutense de Madrid.


FUENTE: INFOCOP

martes, 10 de julio de 2018

El sobrediagnóstico y la medicalización, causas del sobreconsumo de medicamentos en la infancia, según la CEAPA

“Debemos evitar el entorno medicalizado e hiperconsumista en el que vivimos, promocionando un uso racional de los medicamentos”.

Esta es una de las recomendaciones establecidas por la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (CEAPA) en su informe titulado Riesgos de la medicación de menores y situaciones en las que esta actuación está realmente justificada, un documento a través del cual se aborda de forma directa la promoción de la responsabilidad en la medicación en los menores -cuestionando especialmente la no prescrita por personal médico-, así como la gestión de riesgos y reducción de daños.

Como bien señala la CEAPA en su informe, las familias son los principales transmisores de valores, actitudes y comportamientos en el desarrollo de los hijos e hijas, promoviendo desde la infancia hábitos de salud, responsabilidad y autoestima, y ayudando a establecer una relación de confianza que permita un clima de diálogo sobre las drogas, sus efectos y consecuencias.

De este modo, puede contribuir de la manera más eficaz, a la prevención del consumo y a la construcción de una personalidad fuerte y crítica, que no dependa de ninguna adicción para desarrollarse plenamente.

Por ello, el documento ofrece una serie de orientaciones dirigidas a las familias, informándoles sobre las limitaciones de los diversos medicamentos y sus reacciones adversas, y haciendo hincapié en la trascendencia de ejercer una educación que reduzca el consumo de drogas y, por tanto, los riesgos del daño que conllevan.

El informe señala algunos datos alarmantes, tales como el inicio temprano de la automedicación en la infancia (“sobre los 8-10 años generalmente relacionada con cuadros gripales y/o dolores articulares”), y el especial riesgo de automedicación durante el período adolescente, ligada a fenómenos como el interés por aumentar la musculatura (anabolizantes), de búsqueda de estereotipos corporales (laxantes y diuréticos), etc.

Según se indica en el texto, este sobreconsumo es fruto de dos fenómenos importantes y muy extendidos: el sobrediagnóstico (esto es, la tendencia del sistema sanitario a diagnosticar como enfermedades a problemas irrelevantes que muy probablemente no tendrán ninguna repercusión sobre la salud), y la medicalización, definida como “la conversión en procesos patológicos de situaciones que son y han sido siempre completamente normales, y el pretender resolver mediante la medicina situaciones que no son médicas sino sociales, profesionales o de las relaciones interpersonales”.

En opinión de CEAPA, estos fenómenos se ven influidos tanto por la excesiva confianza de la población sobre la ciencia médica -"que supera con mucho sus limitaciones actuales"-, como por los intereses de las grandes multinacionales, de fomentar el consumo sanitario innecesario y la conocida medicina defensiva.

Asimismo, alerta de la poca proliferación de investigaciones en pediatría, cuyo motivo fundamental es, a su juicio, el menor negocio que proporciona: “hay menos niños y los niños tienen menos enfermedadesy advierte del riesgo suplementario que ello supone, al utilizarse medicamentos que no han sido analizados específicamente en niños.

El documento recoge los diferentes aspectos relacionados con los medicamentos de uso más común en la infancia, entre ellos, los estimulantes, utilizados en algunas patologías como el TDAH (metilfenidato) o la narcolepsia (modafinilo y efedrina), apelando a la prudencia ante el uso de estos medicamentos, "por sus potenciales efectos secundarios".

Esta recomendación se extiende también al resto de medicamentos al final del informe, apelando a la cautela en el uso de los mismos, ante la evidencia del consumo excesivo en nuestro país y la frecuencia de intoxicaciones en la infancia y adolescencia, e instando a considerar el riesgo potencial frente a los beneficios esperados.

Ante esto, manifiesta la importancia de hacer un uso racional de los medicamentos, evitando el entorno medicalizado e hiperconsumista en el que vivimos, que promueve el consumo innecesario de los mismos, incentivado en gran parte, por la propaganda.

El informe se puede descargar desde la página Web de CEAPA, o bien directamente a través del siguiente enlace:


FUENTE: INFOCOP


martes, 22 de mayo de 2018

La doble vida de Martina, cuento FAROS para abordar la timidez en la infancia

La timidez es la tendencia a sentirse incómodo, preocupado o tenso en las situaciones sociales, especialmente ante desconocidos. Así la define la APA (American Psychologycal Association-Asociación Americana de Psychología), indicando, a su vez, que las personas con timidez extrema pueden tener tanto síntomas físicos (sudoración, sonrojo, incremento del ritmo cardíaco o molestias estomacales, etc.), como sentimientos negativos sobre sí mismos y preocupaciones sobre su imagen social, que les llevan a evitar las interacciones sociales.
Según señala el Observatorio de Salud de la Infancia y de la Adolescencia de la Fundación FAROS del Hospital Sant Joan de Déu, la timidez en la infancia se presenta en menor o mayor grado en la mayoría de niños, pero para algunos de ellos puede ser una gran barrera social. A este respecto, ha publicado el cuento titulado "La doble vida de Martina", una narración a través de la cual se aborda el tema de la timidez de la mano de su protagonista, y los problemas que ello le supone.
Este cuento se enmarca dentro de la recopilación que Faros ofrece en su plataforma digital Faros Familia, con el fin de fomentar la lectura y difundir valores y hábitos saludables en la población infantil.
El texto puede descargarse desde la página Web de la Fundación FAROS, o bien directamente a través del siguiente enlace:


FUENTE: INFOCOP