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lunes, 23 de marzo de 2026

Alertan de que los antidepresivos pueden producir insomnio en jóvenes

Los niños, niñas y adolescentes que reciben tratamiento farmacológico para el trastorno depresivo mayor presentan un riesgo elevado de experimentar insomnio durante las primeras seis a doce semanas de tratamiento. Así lo concluye un estudio publicado en la revista Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, que ha analizado datos de miles de pacientes jóvenes para esclarecer los efectos secundarios de estos fármacos. El artículo subraya la importancia de vigilar la calidad del sueño en esta población, puesto que el insomnio no es solo un efecto adverso molesto, sino un factor que puede complicar la recuperación y el curso clínico de la depresión.



Foto: Freepik. Autor; Freepik. Descarga: 10/12/2025.

Metodología.

El equipo de investigación llevó a cabo una revisión sistemática y un metanálisis, seleccionando ensayos controlados aleatorizados de las principales bases de datos científicas hasta agosto de 2023.

Se incluyeron un total de 20 ensayos centrados en el trastorno depresivo mayor, abarcando a 5.357 participantes menores de 18 años. Adicionalmente, para las comparaciones con otros diagnósticos, se incorporaron 8 ensayos sobre trastornos de ansiedad y trastorno obsesivo-compulsivo con 1.271 participantes. Se incluyó la evaluación del riesgo de sesgo de cada ensayo, asegurando que la calidad de la evidencia fuera adecuada para realizar las estimaciones presentadas.

Un incremento del riesgo cuantificado.

El análisis exhaustivo realizado por los autores revela que el tratamiento con inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y con inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina se asocia con un aumento de 1,65 veces en las probabilidades de sufrir insomnio en comparación con el uso de placebo. Para poner estas cifras en una perspectiva más clara para los pacientes y sus familias, los investigadores explican que esto equivale aproximadamente a que 6 de cada 100 jóvenes tratados con antidepresivos experimentarán insomnio, frente a 4 de cada 100 que lo harían si recibieran un placebo.

Los investigadores destacan que, aunque el incremento del riesgo es considerado modesto, es estadísticamente significativo. Este hallazgo es consistente con investigaciones previas realizadas en adultos, lo que sugiere un patrón en la reacción a estos fármacos. Sin embargo, los autores enfatizan que no se encontraron diferencias significativas en cuanto al riesgo de insomnio entre las dos clases principales de medicamentos estudiados (los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y los inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina), lo que implica que ambas familias de fármacos comparten un perfil similar en lo que respecta a la alteración del sueño en pacientes con depresión.

Diferencias notables según el trastorno tratado.

Uno de los hallazgos más interesantes que señala el estudio es que el riesgo de desarrollar insomnio no es uniforme para todos los diagnósticos psiquiátricos. Los investigadores realizaron un análisis comparativo incluyendo datos de jóvenes con trastornos de ansiedad y trastorno obsesivo-compulsivo. Los resultados mostraron que el riesgo de insomnio como efecto secundario es significativamente mayor en niños, niñas y adolescentes tratados por ansiedad o trastorno obsesivo-compulsivo que en aquellos tratados por depresión mayor.

En concreto, mientras que en la depresión el riesgo aumenta 1,62 veces, en los trastornos de ansiedad y obsesivo-compulsivos este riesgo se dispara a 2,89 veces en comparación con el placebo. Los autores sugieren que esta variabilidad podría deberse a la propia naturaleza de los trastornos; puesto que los pacientes con ansiedad pueden tener niveles basales de activación más altos, serían más sensibles a los efectos estimulantes de los antidepresivos durante la fase aguda del tratamiento.
Variabilidad entre los distintos medicamentos.

El estudio profundiza en los perfiles individuales de varios antidepresivos de uso común, proporcionando información valiosa para la toma de decisiones clínicas. Según los datos presentados, la sertralina se identificó como el fármaco con las probabilidades más altas de provocar insomnio entre aquellos con evidencia suficiente (basada en tres o más estudios), mostrando una probabilidad más de tres veces mayor que el placebo. Por otro lado, la duloxetina presentó las probabilidades más bajas dentro de este grupo comparativo.

La fluoxetina, que cuenta con la mayor base de evidencia al haber sido objeto de diez ensayos clínicos, mostró un riesgo que se alinea con el promedio general de los fármacos estudiados. Los autores también mencionan el caso del levomilnacipran, que mostró probabilidades más bajas de insomnio en relación con el placebo, aunque advierten que este resultado debe interpretarse con cautela puesto que se basa en un único ensayo controlado aleatorizado.

Implicaciones clínicas y el vínculo con la conducta suicida.

La importancia de este estudio radica no solo en la cuantificación del insomnio, sino en sus consecuencias para la salud mental de los jóvenes. Los investigadores hacen hincapié en que el insomnio puede influir negativamente en el curso clínico de la depresión. Así, existe evidencia de que los problemas de sueño no tratados pueden reducir la eficacia del tratamiento antidepresivo y están asociados con síntomas depresivos más graves.

Además, los autores abordan un tema de gran sensibilidad: el riesgo de suicidio. Señalan que el insomnio es un factor de riesgo importante para la ideación y el comportamiento suicida en los jóvenes. La Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos ya advierte, mediante recuadros negros en los prospectos, sobre el riesgo de suicidio asociado a estos fármacos en población pediátrica. Puesto que el insomnio puede exacerbar estos pensamientos, los investigadores sugieren que tratar los problemas de sueño emergentes podría ser una estrategia clave para mitigar el riesgo de suicidio relacionado con los antidepresivos.

Estrategias de manejo propuestas.

El artículo no solo alerta sobre los riesgos, sino que discute posibles vías de intervención. A este respecto, los autores destacan el potencial de la terapia cognitivo-conductual para el insomnio como tratamiento de primera línea, dada su eficacia probada y la ausencia de efectos secundarios farmacológicos. En cuanto al uso de medicamentos hipnóticos o sedantes para contrarrestar el insomnio, los investigadores se muestran cautos. Señalan que la evidencia para el uso de fármacos como las benzodiazepinas o la melatonina en jóvenes es limitada y, en algunos casos, controvertida debido a los perfiles de tolerabilidad y seguridad.

Fuente.

Türkmen, C., Machunze, N., Lee, A. M., Bougelet, E., Ludin, N. M., de Cates, A. N., … & van Dalfsen, J. H. (2025). Systematic Review and Meta-Analysis: The Association Between Newer-Generation Antidepressants and Insomnia in Children and Adolescents With Major Depressive Disorder. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 64(10), 1148-1164.

lunes, 30 de junio de 2025

El impacto silencioso del trastorno dismórfico corporal en la salud mental infanto-juvenil

 El trastorno dismórfico corporal (TDC) y la alta preocupación por la apariencia son condiciones comunes en la adolescencia -especialmente entre las mujeres-, y están fuertemente asociadas a trastornos mentales comórbidos, deterioro psicológico y social significativo y un alto riesgo de autolesión y suicidio. Esta evidencia respalda la urgencia de mejorar la detección, el diagnóstico y el acceso a tratamientos psicológicos eficaces en jóvenes que expresan malestar relacionado con su imagen corporal.

Estas son algunas de las principales conclusiones extraídas de un estudio reciente llevado a cabo en Inglaterra, a través del cual se advierte sobre la carga psicológica y psicosocial del trastorno dismórfico corporal (TDC) en niños, niñas y adolescentes.

Según los hallazgos, publicados en la revista Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, aproximadamente, el 1% de los/as niños/as y jóvenes de entre 5 y 19 años presenta esta problemática, caracterizada por una preocupación obsesiva por defectos percibidos en el propio aspecto físico. Tal y como señalan los autores, el TDC no es fácilmente identificado por profesionales, por lo que algunas personas afectadas podrían no estar recibiendo la atención que necesitan. Según alertan, puede estar siendo infradiagnosticado, pese a su potencial impacto devastador en quienes lo sufren: casi la mitad (46,3%) de los/as adolescentes con este diagnóstico ha intentado autolesionarse o suicidarse, y cerca del 70% presenta, además, al menos, otro trastorno mental.

Foto: freepik. Diseño: freepik. Fecha: 19/05/25
Más común entre adolescentes y mujeres

Los datos proceden de la Encuesta de Salud Mental de Niños y Jóvenes del Reino Unido (2017), una muestra representativa compuesta por 7.654 menores. El estudio indica que la prevalencia del TDC aumenta drásticamente en la adolescencia, pasando de un 0,1% en la infancia a un 1,9% en adolescentes. Las chicas presentan una prevalencia mucho mayor que los chicos: 1,8% frente a 0,3%, respectivamente.

Este patrón sugiere que factores relacionados con la pubertad, el desarrollo de la identidad corporal y las presiones sociales de género podrían estar vinculados a la aparición del trastorno dismórfico corporal en esta etapa vital. Los autores señalan que las chicas adolescentes son el grupo con mayor prevalencia estimada, con el 3,4%.

Relación con ansiedad y depresión

El 69,8% de los/as jóvenes con TDC cumple criterios diagnósticos para otro trastorno mental, siendo los más frecuentes los trastornos de ansiedad (58,7%) y los trastornos depresivos (31,7%). Asimismo, uno de cada cinco presenta un trastorno de conducta o del control de impulsos.

Estos datos subrayan la complejidad clínica del trastorno dismórfico corporal en población juvenil, lo que requiere una intervención especializada y multidisciplinar. Los autores destacan la importancia de detectar síntomas de trastorno dismórfico en adolescentes que ya presentan ansiedad o depresión, para mejorar su diagnóstico y tratamiento.

La elevada prevalencia de ansiedad y depresión entre los/as jóvenes con TDC evidencia que muchos/as de ellos/as podrían llegar a los servicios de salud mental con estos diagnósticos principales, sin que se detecte el trastorno dismórfico corporal subyacente. En opinión de los autores, esta relación de síntomas de ansiedad y depresión con el trastorno dismórfico corporal es especialmente preocupante por su posible asociación con el riesgo de suicidio.

En el caso de los/as adolescentes con alta preocupación por su imagen corporal, aunque no cumplan criterios completos para el diagnóstico de TDC, se observa un patrón similar: el 40,4% presenta al menos otro trastorno mental -siendo la ansiedad y la depresión los más comunes- y el 31,7% ha intentado autolesionarse o suicidarse.

Estas cifras respaldan la necesidad de que los/as profesionales exploren activamente el malestar vinculado a la imagen corporal cuando atienden casos de ansiedad o depresión en la adolescencia.

Grave deterioro psicológico y social y riesgo de suicidio

Los efectos del trastorno dismórfico corporal no se limitan a la dimensión interna. En términos de funcionamiento diario, los/as jóvenes con este trastorno muestran niveles significativamente más altos de deterioro psicológico y social, según evaluaciones tanto de ellos mismos como de sus padres. Reportan dificultades en su vida familiar, en la escuela y en sus relaciones sociales.

Además, hay un importante riesgo de autolesión y conductas suicidas: el 46,3% de los/as jóvenes con TDC ha intentado autolesionarse o suicidarse, frente al 8% de quienes no presentan el trastorno. Desde el punto de vista de sus padres, esta cifra también es elevada: un 35% de los padres de jóvenes con trastorno dismórfico corporal reconocen estas conductas en sus hijos/as.

El sistema responde, pero no lo suficiente

En cuanto al acceso a los servicios de salud, el estudio señala que el 59,7% de los jóvenes con TDC ha buscado ayuda profesional en el último año debido a problemas emocionales o de conducta. Aun así, el 40% restante no ha recibido ningún tipo de apoyo, lo que evidencia una preocupante brecha en la atención a esta población.

Además, el 15,9% de quienes presentan trastorno dismórfico corporal está tomando medicación psicotrópica, siendo los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) los más frecuentes (7,9%).

Los autores insisten en que, aunque estas cifras reflejan cierta respuesta del sistema sanitario, el acceso sigue siendo insuficiente, y muchos casos permanecen sin diagnóstico ni tratamiento, a pesar del riesgo clínico que conllevan.

La preocupación por la apariencia: una señal de alarma

El estudio también investiga la preocupación por la apariencia física, incluso cuando no se cumplen todos los criterios diagnósticos del TDC. En este caso, el 7,8% de los/as adolescentes refiere una preocupación intensa sobre su aspecto.

Aunque menos grave que el trastorno dismórfico corporal, esta preocupación muestra un patrón muy similar: mayor prevalencia en chicas, alta comorbilidad psiquiátrica (el 40,4% tiene otro diagnóstico) y riesgo aumentado de autolesión o suicidio (31,7%). Según el estudio, esto sugiere que la preocupación por la imagen corporal puede ser una etapa previa al TDC y un marcador temprano de malestar psicológico.

Conclusiones: mejorar la detección, eliminar barreras

Los autores del estudio concluyen que tanto el trastorno dismórfico corporal como la preocupación intensa por la apariencia deben ser considerados fenómenos clínicamente relevantes en la adolescencia, especialmente entre las mujeres. Instan a los/as profesionales a mejorar el cribado y la detección del TDC, utilizando herramientas específicas y explorando activamente estos síntomas durante la evaluación clínica.

Además, consideran imprescindible eliminar las barreras de acceso al tratamiento, incluyendo la falta de formación específica en este trastorno por parte de muchos/as profesionales de la salud mental, y destacan la relevancia de aumentar el acceso a tratamientos basados en la evidencia, como la terapia cognitivo-conductual.

Este trabajo representa un importante avance en el conocimiento epidemiológico del TDC en población joven y refuerza la necesidad de intervenciones preventivaspolíticas de salud mental escolar, y una atención psicosocial temprana y coordinada.

Fuente: Krebs, G., Clark, B. R., Ford, T. J., & Stringaris, A. (2025). Epidemiology of body dysmorphic disorder and appearance preoccupation in youth: prevalence, comorbidity and psychosocial impairment. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry64(1), 30-40. https://doi.org/10.1016/j.jaac.2024.01.017

viernes, 7 de marzo de 2025

Depresión: el problema emocional más frecuente en jóvenes



Un nuevo estudio revela datos alarmantes sobre la salud mental de los niños y adolescentes en España. La investigación, que abarcó a más de 5.600 estudiantes de entre 9 y 16 años, encontró una alta prevalencia de problemas emocionales, siendo la depresión el problema más común en ambas etapas del desarrollo. El estudio también identificó una tasa preocupante de ideación suicida y autolesiones entre los adolescentes. Más de la mitad de los adolescentes encuestados reportaron haber sentido que la vida no merece la pena, y un 18% admitió haber intentado suicidarse. Estas son algunas de las conclusiones recogidas en el informe Problemas psicológicos en la infancia y adolescencia del Proyecto Emo-Child. El informe presenta los resultados de un estudio pionero en España que evalúa la frecuencia de problemas psicológicos en una muestra nacional de 5.652 escolares entre 9 y 16 años.


El estudio ha sido elaborado por Mireia Orgilés, Alexandra Morales, José Antonio Piqueras, Juan Carlos Marzo y José Pedro Espada de la Universidad Miguel Hernández.

   
Fuente: unplash. Autor: Melissa Askew. Fecha: 10/11/24

Metodología

El estudio Emo-Child utilizó una metodología cuantitativa con un diseño transversal para evaluar la frecuencia de problemas psicológicos en niños y adolescentes. La muestra estuvo compuesta por 5.652 escolares con edades entre 9 y 16 años, residentes en España. Para asegurar la representatividad geográfica y controlar variables como el entorno, el nivel socioeconómico y el tipo de centro educativo, se seleccionaron aleatoriamente 108 centros educativos de 38 provincias españolas, incluyendo centros públicos, concertados y privados. Los instrumentos de evaluación utilizados fueron el Sistema de Evaluación de Niños y Adolescentes (SENA) y la Escala Paykel de Suicidio, que permitieron evaluar una amplia gama de problemas psicológicos, incluyendo problemas interiorizados, exteriorizados, contextuales, factores de vulnerabilidad, recursos personales y conductas suicidas. La recogida de datos se llevó a cabo entre enero y marzo de 2024 en las aulas de los centros educativos participantes, bajo la supervisión de los evaluadores. Previo a la participación, se obtuvo el consentimiento informado de los padres o tutores legales de los estudiantes. Para el análisis de los datos se emplearon pruebas de homogeneidad, análisis descriptivos, pruebas t, tablas de contingencia, Chi-cuadrado y correlaciones.

Resultados principales

El estudio Emo-Child revela datos clave sobre la prevalencia de problemas psicológicos en la muestra analizada, destacando los siguientes aspectos:
  • Problemas Emocionales:Depresión: Se posiciona como el problema más frecuente tanto en la infancia como en la adolescencia, afectando a un 5% de los participantes en ambas etapas. Es importante destacar que las niñas presentan una mayor prevalencia de depresión en comparación con los niños.
  • Ansiedad, ansiedad social, somatización y estrés postraumático: Estos problemas interiorizados también mostraron una presencia significativa en la muestra, alcanzando una prevalencia del 4% tanto en niños como en adolescentes. Al igual que con la depresión, se observa una mayor frecuencia de estos problemas en las niñas.
  • Problemas de Conducta:Infancia: Los problemas de control de la ira, agresividad y conducta desafiante fueron los más comunes en esta etapa, con una prevalencia entre el 5% y 6%. Es interesante notar que algunos problemas de conducta presentan diferencias de género: los problemas de atención y control de la ira son más frecuentes en las niñas, mientras que la hiperactividad, la agresividad y la conducta desafiante son más comunes en los niños.
  • Adolescencia: La conducta desafiante se destacó como el problema más prevalente en la adolescencia, afectando al 5% de los participantes. Otros problemas de conducta como la agresividad, los problemas de control de la ira, la hiperactividad y la conducta antisocial también se manifestaron en un 4% de los adolescentes. En esta etapa, se mantienen algunas diferencias de género: las chicas presentan mayor frecuencia de problemas de atención, hiperactividad, control de la ira y conducta desafiante, mientras que los chicos muestran mayor prevalencia de agresividad y conducta antisocial.
Otros problemas:

  • Asimismo, el estudio también exploró la presencia de otros problemas específicos en la adolescencia, encontrando:Problemas de la conducta alimentaria: Afectan al 4% de los adolescentes, siendo mucho más frecuentes en las chicas (8%) que en los chicos (1%). Este dato es particularmente preocupante, ya que el 19% de las adolescentes se encuentran en riesgo de desarrollar un problema de la conducta alimentaria.
  • Esquizotipia: Se presenta en un 5% de los adolescentes, con mayor frecuencia en chicos que en chicas.
  • Consumo de sustancias: Un 5% de los adolescentes reportaron consumo de sustancias, siendo más común en los chicos.
Conclusiones

Los resultados del estudio Emo-Child son de gran relevancia para comprender la situación de la salud mental infanto-juvenil en España. A este respecto, el estudio destaca la alta prevalencia de problemas emocionales en niños y adolescentes españoles, particularmente la depresión. También subraya la importancia de atender los problemas de conducta, los factores de riesgo, y las conductas autolesivas, incluyendo la ideación e intentos de suicidio.

Tal y como señalan los autores del informe, la alta prevalencia de problemas emocionales, la ideación suicida y las autolesiones subrayan la urgente necesidad de implementar programas de prevención e intervención temprana en los ámbitos familiar, escolar y comunitario para promover la salud mental y el bienestar de los niños y adolescentes. Asimismo, los autores subrayan la importancia de la detección temprana y el acceso a servicios de salud mental de la población infanto-juvenil como aspectos fundamentales para proteger la salud y el bienestar de los niños y adolescentes de nuestro país.

Dadas las repercusiones de los resultados, los autores del estudio hacen un llamado a la acción para abordar esta crisis de salud mental en estas etapas del desarrollo. Para ello, señalan los siguientes aspectos clave:
  • Priorizar la detección temprana de problemas emocionales, especialmente la depresión.
  • Implementar programas de prevención e intervención en las escuelas, enfocados en la educación emocional, la gestión del estrés y la resolución de conflictos.
  • Trabajar en colaboración con las familias para crear entornos de apoyo que promuevan la salud mental de los niños y adolescentes.
Fuente:

Orgilés, M., Morales, A., Piqueras, J. A., Marzo, J. C. y Espada, J. P. (2024). Problemas psicológicos en la infancia y adolescencia. Centro de Investigación de la Infancia y la Adolescencia. Universidad Miguel Hernández.

martes, 10 de septiembre de 2024

El alcohol es la sustancia psicoactiva más consumida por los y las jóvenes de 14 a 18 años, según el OEDA

 El alcohol es la sustancia psicoactiva más consumida entre la población general en todas las edades -siendo un hábito muy extendido ya desde edades muy tempranas, especialmente entre los y las jóvenes de 14 a 18 años-, y se asocia con una importante carga de enfermedad y mortalidad.

Así lo advierte un informe publicado por el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA) de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, cuyo objetivo es ofrecer una visión global de las características, evolución y consecuencias del consumo de alcohol en diferentes poblaciones, que permita apoyar el diseño y evaluación de políticas dirigidas a prevenir el consumo de alcohol y los problemas asociados.

Tal y como alerta la Organización Mundial de la Salud en su Informe Mundial sobre Alcohol y Salud, son múltiples las graves consecuencias asociadas con el consumo de alcohol, entre ellas, las siguientes: su uso nocivo constituye un factor causal en más de 200 enfermedades y trastornos (incluyendo, entre otras, enfermedades no transmisibles como el cáncer, o enfermedades cardiovasculares, hepáticas, así como trastornos mentales y comportamentales); el consumo nocivo de alcohol es responsable de 3 millones de muertes anuales en todo el mundo, lo que representa un 5,3% de todas las defunciones; en general, el 5,1% de la carga mundial de morbilidad y lesiones es atribuible al consumo de alcohol, calculado en términos de años de vida ajustados en función de la discapacidad (AVAD); asimismo, más allá de las consecuencias que tiene para la salud, conlleva importantes pérdidas sociales y económicas a las personas y a la sociedad en general.

consumo de alcohol entre jóvenes

Fuente: freepik. Foto: freepik. Fecha: 08/08/24

Este nuevo informe del OEDA, contiene la información más relevante sobre el consumo de alcohol publicada por la DGPNSD procedente de los programas de encuestas y los indicadores de problemas asociados al consumo y adicciones del OEDA (tales como ESTUDES 2023, ESTUDES 2023 12 y 13 años de 1º y 2º ESO, EDADES 2022, ESDIP 2022 o los Indicadores del Sistema Estatal de Información sobre Drogas y Adicciones, entre otros), complementada con otras fuentes oficiales en cuestiones concretas. A partir de esta diversidad de fuentes, se pretende ofrecer una visión global que permita un análisis poliédrico de las características, así como de las consecuencias derivadas del consumo de alcohol.

A continuación, resumimos las principales conclusiones recogidas en el documento:

Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES 2023)
  • El alcohol es la sustancia psicoactiva más consumida por los estudiantes de entre 14 y 18 años. El 75,9% reconoce haberlo consumido en alguna ocasión en su vida y el 47,5% ha experimentado alguna vez una intoxicación etílica aguda (borrachera). El 73,6% ha bebido alcohol y el 42,1% se ha emborrachado a lo largo en los últimos 12 meses.
  • En los últimos 30 días, algo más de la mitad de los y las estudiantes (56,6%) reconoce haber bebido alcohol, observando que el 20,8% se ha emborrachado en este mismo periodo y el 28,2% ha realizado binge drinking (consumo de alcohol en atracón), es decir, ha tomado 5 o más vasos de bebidas alcohólicas en un intervalo aproximado de dos horas.
  • El primer consumo alguna vez en la vida comienza, por termino medio, a los 13,9 años, el consumo semanal a los 15 años más o menos, y la primera borrachera se experimenta a los 14,5 años, registrándose, en esta ocasión, la edad más precoz de las detectadas desde 2012, primer año en el que se registró este dato. A medida que aumenta la edad también lo hace el consumo de alcohol, con mayores incrementos cuando se pasa de 14 a 16 años. En el tramo de los últimos 30 días es donde se registran las mayores diferencias por edad: a los 14 años la prevalencia de consumo de alcohol es del 36,5% y se duplica hasta alcanzar el 73,8% entre los de 18 años.
El alcohol es la sustancia psicoactiva más consumida por los estudiantes de entre 14 y 18 años
  • La prevalencia de las intoxicaciones etílicas agudas o borracheras autodeclaradas muestra ciertas diferencias entre los y las estudiantes en función del sexo (mayor prevalencia entre las chicas) y de la edad (la prevalencia de borracheras aumenta a medida que lo hace la edad).
  • Con respecto al binge drinking, si bien, históricamente, era más frecuente en los chicos que en las chicas, en los últimos años esta diferencia es prácticamente inexistente. En 2023 se ha registrado la prevalencia de consumo en atracón más baja de toda la serie histórica para las chicas (27,8%) y la segunda más baja para los chicos (28,6%). Estos episodios de consumo intensivo son claramente más frecuentes cuanto mayor es la edad, con prevalencias que en 2023 oscilan entre el 14,0% en los estudiantes de 14 años y el 43,6% a los 18 años de edad.
  • Acerca de los lugares elegidos por los y las estudiantes de 14 a 18 años para consumir alcohol en los 30 últimos días, destacan en primer lugar los bares y pubs (opción más señalada con un 52,8%), seguido por las discotecas (con un 47,8%) y las calles, plazas, parques, playas o espacios públicos abiertos (un 47,5%).
6 de cada diez estudiantes compran/consiguen el alcohol directamente y el 48,1% a través de personas mayores de edad
  • Ellos/as mismos/as son quienes acceden directamente a las bebidas alcohólicas: seis de cada diez estudiantes las compran/consiguen directamente, mientras que el 48,1% lo hace a través de otras personas mayores de edad. El modo de acceso varía en función de la mayoría/minoría de edad: el 91,5% de los/as estudiantes de 18 años que ha consumido esta sustancia en los últimos 30 días lo han conseguido directamente, mientras que, entre los 14 y los 17 años, la adquisición por medios propios baja al 56,6%, cobrando aquí más protagonismo la adquisición de bebidas alcohólicas a través de otras personas mayores (51,4%)
  • Se detectan diferencias según el sexo: los chicos tienen una mayor tendencia a conseguir alcohol por ellos mismos (un 62,8% frente al 57,4% de ellas), mientras que hacerlo a través de otras personas mayores de edad es más frecuente entre las chicas (52,5% frente al 43,3% de los chicos).
  • El 47,4% de los y las estudiantes de 14 a 18 años reconoce haber hecho botellón en los últimos 12 meses y el 19,7% en los últimos 30 días, siendo más frecuente en las chicas que en los chicos. Entre quienes han realizado un botellón en el último año, hay mayor prevalencia de consumo de otras sustancias psicoactivas, en especial tabaco (47,8% vs 9,2% que no ha hecho botellón) y cannabis (37,3% vs. 7,4% sin botellón).
El 68% de los y las jóvenes de 14 a 17 consumen alcohol para divertirse
  • Divertirse es el principal motivo aducido para consumir alcohol en los últimos 30 días entre los y las jóvenes (68,3%). Aunque en menor medida, también recibe un importante número de menciones el hecho de que les gusta la sensación que les proporciona, siendo el tercer motivo para los chicos el sentir que ‘les ayuda a desinhibirse o ligar más’, mientras que para las chicas cobra especial relevancia que ‘les sirve de ayuda cuando están deprimidas’.
  • Se evidencia una relación directa entre el consumo de alcohol de los estudiantes de 14 a 18 años y el que hacen sus padres y madres.
  • En lo referente a las bebidas estimulantes con alto contenido en cafeína entre los alumnos de 14 a 18 años, cerca de la mitad (47,7%) han tomado bebidas de este tipo en los últimos 30 días, siendo la prevalencia mayor entre los chicos que entre las chicas (54,4% vs. 40,7%). Se registra, en general, un incremento en la prevalencia de su consumo, tanto en chicos como en chicas, a medida que lo hace la edad, si bien en ellos, se alcanza el máximo a los 17 años, mientras que en las chicas aumenta hasta los 16-17 donde se estabiliza, dándose un repunte final entre las de 18 años.
  • Se observa que el 19,5% de los y las estudiantes de 14 a 18 años ha mezclado bebidas estimulantes con alto contenido en cafeína con alcohol en los últimos 30 días.
Aumenta entre el alumnado de 14 a 18 años, la percepción de riesgo asociada al consumo de alcohol
  • El riesgo asociado al consumo de alcohol puede ser un elemento protector frente al consumo y constituye un freno a la hora de que los estudiantes se planteen consumirlo. A este respecto, existe consenso entre los alumnos y alumnas en relación al riesgo que trae consigo el consumo habitual de alcohol. La percepción de riesgo asociada a su consumo ha aumentado en 2023 con respecto a 2021, a pesar del aumento que ha registrado la prevalencia de consumo entre los alumnos de 14 a 18 años: el 63,4% considera que tomar 5 o 6 cañas/copas de bebidas alcohólicas en fin de semana puede causar muchos o bastantes problemas y el 63,6% cree que el consumo diario de alcohol (tomar 1 o 2 cañas/copas cada día) es peligroso. Estas proporciones son las más altas desde que se lleva haciendo el estudio.
  • El alcohol y el tabaco son, con diferencia, las sustancias más accesibles para el alumnado de 14 a 18 años. El 92,9% de ellos/as no aprecian ninguna dificultad para conseguir bebidas alcohólicas, escenario que apenas ha cambiado a lo largo de la serie histórica. Para los autores del informe, esta situación “pone de manifiesto que las sustancias de comercio legal se perciben totalmente al alcance de los estudiantes que quieran adquirirlas, cuando no deberían ser accesibles para los menores de 18 años”. Advierten también de “cierta normalización del hábito de consumo de alcohol y puede ser a la vez causa y consecuencia de la extensión de este hábito”.
El ocio nocturno se relaciona con un mayor consumo de alcohol entre los y las jóvenes
  • Con respecto al consumo de alcohol en los últimos 12 meses según las actividades de ocio, aquellos/as alumnos/as que salen por la noche de manera frecuente lo consumen en mayor medida y cuanto más tiempo se dedica al ocio nocturno, mayor es el consumo (prevalencia de consumo de alcohol del 80% al 90% entre quienes llegan a casa de 1 a 3 de la madrugada, y de más del 90% para quienes vuelven pasadas las 3). De la misma manera esto también sucede entre los que no leen libros para divertirse y en los que salen habitualmente por las tardes con sus amigos/as.
  • El consumo de alcohol hace que se experimenten más situaciones no deseables (a saber, conflictos con padres o hermanos, problemas de concentración y de rendimiento académico, relaciones sexuales de las que se arrepienten al día siguiente o sin uso de preservativo, sufrir un brote psicótico, un ataque de ansiedad, etc.), aumentando la prevalencia de estas situaciones a medida que el consumo de alcohol se realiza con mayor intensidad. Destaca el gran aumento de algunas situaciones tales como: la incapacidad de recordar lo sucedido la noche anterior después de haber salido o tener resaca.
Estudio piloto sobre el consumo de uso de alcohol, tabaco y adicciones comportamentales en estudiantes de enseñanzas secundarias de 1º y 2º de la ESO (12 y 13 años) en España (ESTUDES 2023 1º y 2º de ESO)
  • El 34,6% de los y las estudiantes de 12 y 13 años de 1º y 2º de las ESO reconoce haber consumido alcohol, al menos, una vez en su vida, con una prevalencia similar entre chicos y chicas. Esta prevalencia es considerablemente superior entre los de 13 años (41,5%) que entre los de 12 años (26,9%).
  • El 7,2% de los alumnos y alumnas de 1º y 2º de la ESO declara haberse emborrachado alguna vez en su vida, habiéndolo hecho en el último año el 5,8% y en el último mes el 1,9%. La prevalencia de intoxicaciones etílicas agudas a estas edades es mayor entre las chicas que entre los chicos (8,2% vs. 6,2% alguna vez en la vida; 6,7% vs. 4,9% en el último año) y aumenta a medida que lo hace la edad. En el caso de alguna vez en la vida, la prevalencia de borracheras autodeclaradas a los 13 años triplica la que se da entre los de 12 (3,5%) y en el tramo de los últimos 12 meses, la prevalencia de borracheras a los 13 años está cerca de cuadruplicar la que se registra entre los de 12 años (8,8% vs. 2,3%).
El 8,3% del alumnado de 1º y 2º de la ESO reconoce haber hecho botellón en el último año
  • Los lugares más habituales para la adquisición de bebidas alcohólicas por parte de los y las estudiantes de 12 y 13 años en el último mes, son las tiendas de barrio, chinos, quioscos, bodegas (41,6%), seguido de las casas de otras personas (40,8%). Los sitios menos habituales son los puestos de venta ambulante e Internet. En el caso de los chicos, destaca ‘la casa donde vives’ como el lugar más habitual de obtención superando las tiendas de barrio y las casas de otras personas. El 45,4% de ellos y ellas, adquieren las bebidas alcohólicas a través de otras personas de 18 años o más, siendo éste el principal canal de obtención.
  • Con relación a la participación en botellones, el 8,3% del alumnado de 1º y 2º de la ESO reconoce haber hecho botellón en los últimos 12 meses, proporción que se reduce a menos de la mitad cuando se ajusta el plazo temporal al último mes (3,1%). Tal y como ocurría con las borracheras, la prevalencia aquí es algo superior entre las chicas. Respecto a la edad, la proporción de alumnos/as que reconoce haber hecho botellón se multiplica por tres cuando se pasa de 12 a 13 años en lo relativo al último año (de 3,7% a 12,4%), y por cinco en referencia al último mes (de 1,0% a 4,9%).
Es necesario seguir concienciando a los y las más jóvenes acerca de las consecuencias del consumo de alcohol
  • Existe una relación directa entre el consumo de alcohol en la familia (padres y madres) y la prevalencia de consumo de alcohol a los 12 y 13 años: el 49,7% de los/as niños/as a esas edades cuya madre abusa del alcohol todos o casi todos los días, afirma haberlo probado también, aumentando esta proporción hasta el 62,2% en los casos en los que es el padre el que presenta un problema de abuso para esta sustancia.
  • Entre los y las estudiantes de 12 y 13 años es mayoritaria la convicción acerca del riesgo asociado al hecho de tomar 5 o 6 cañas/copas en fin de semana: el 71,2% considera que esta conducta puede traer muchos o bastantes problemas. Para los autores, esto “muestra la necesidad de seguir concienciando a los más jóvenes acerca de las consecuencias de consumir cualquier tipo de cantidad de alcohol y poder contar así con un elemento de freno a la hora de que los estudiantes se planteen iniciarse en el consumo de la misma”.
El 52,2% de los/as alumnos/as de 12 y 13 años tiene un alta percepción de disponibilidad para conseguir alcohol
  • Más de la mitad de los y las estudiantes de 12 y 13 años (52,2%) consideran que les sería fácil o muy fácil adquirir bebidas alcohólicas si quisiesen. Esta percepción de disponibilidad se incrementa exponencialmente con la edad, situándose en el 92,9% entre los de 14 y 18 años.
  • Se observa que el hecho de salir por la noche es lo que marca mayores diferencias en las prevalencias de consumo de bebidas alcohólicas: El 50,9% de los y las alumnos de 12 y 13 años que han salido por la noche reconoce haber consumido alcohol, frente al 20,8% de aquellos/as que no han salido.
  • Aunque en menor medida, el hecho de salir por las tardes con amigos tiene también cierta influencia sobre la extensión del consumo de bebidas alcohólicas: se detecta una mayor proporción de aquellos que han consumido alcohol entre los que salen por las tardes (31,8%) que entre los que no (19,0%). El informe destaca que los y las estudiantes que no leen libros para divertirse, cuentan con unas mayores prevalencias de consumo de alcohol. Lo mismo ocurre para aquellos que no tienen otros hobbies.
  • Todos estos datos evidencian la normalización del consumo de bebidas alcohólicas y la facilidad de acceso a ellas mucho antes, incluso, de alcanzar la mayoría de edad. Por lo que las políticas de prevención deben tener en cuenta el consumo a edades más tempranas.
Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España (EDADES 2022)
  • En 2022, el 93,2% de la población de 15 a 64 años declara haber consumido bebidas alcohólicas alguna vez en la vida. Evolutivamente, desde el año 2009, la prevalencia para este tramo temporal supera el 90%. Cerca del 76% declaran haber bebido alcohol en alguna ocasión durante los últimos 12 meses previos a la realización de la encuesta (cifra que ha descendido con respecto a 2019) y el 64,5% ha consumido alcohol en el último mes, mientras que el 9% de la población revela que lo hace a diario.
  • De media, la edad en la que se consumió alcohol por primera vez fue a los 16,5 años (un valor ligeramente inferior al observado a lo largo de la serie histórica). Los hombres realizan un mayor consumo de alcohol que las mujeres y se inician en él antes que ellas (a los 16 vs los 17 años, respectivamente).
  • Las mayores prevalencias para el consumo en los últimos 30 días se registran entre los 25 y los 34 años. En el caso de consumo a diario, el mayor número de consumidores se encuentra en el tramo de mayores de 55 años.
  • La cerveza es el tipo de bebida más consumida tanto por los hombres como por las mujeres, pero ellos lo consumen casi el doble que ellas.
  • El informe destaca que, en 2022, el 1,6% de las mujeres reconoció haber consumido alcohol estando embarazadas, cifra superior a la de 2020.
El 16,7% de la población se ha emborrachado en el último año
  • Con respecto a las intoxicaciones etílicas agudas, el 16,7% de la población se ha emborrachado en el último año, registrándose un notable descenso con respecto a la anterior encuesta y rompiendo así la tendencia ascendente iniciada en el año 2015. La prevalencia de borracheras autodeclaradas es mayor entre los hombres y disminuye a medida que aumenta la edad.
  • En 2022, se ha registrado un dato similar al obtenido en la anterior encuesta, observándose un aumento de la prevalencia de binge drinking entre las mujeres, aunque este consumo sigue estando más extendido entre los hombres.
  • Entre aquellos que han realizado un atracón en el último mes, la cerveza es la bebida cuyo consumo está más extendido, con una prevalencia similar en todos los tramos de edad, excepto en el de los y las más jóvenes.
  • La prevalencia de participación en botellón en los últimos 12 meses es superior en los hombres que en las mujeres. Entre los 15 y los 18 años, algo más de una tercera parte (32,2%) reconoce haber realizado esta práctica en el último año, sin apenas diferencias entre hombres y mujeres.
  • En cuanto a las razones por las que las personas consumen bebidas alcohólicas, más de la mitad revela que lo hacen ‘porque es divertido y anima las fiestas’. En segundo lugar, cuatro de cada diez afirman que consumen alcohol porque les gusta cómo se sienten después de beber.
Incluir advertencias en los envases de alcohol sobre los daños que produce su consumo en la salud, es una de las medidas más señaladas
  • Los resultados disponibles sobre las actitudes de la población de 15 a 64 años con respecto a determinadas políticas en materia de consumo de alcohol, indican que existe un consenso en que todas las medidas analizadas serían adecuadas para luchar contra el consumo del alcohol. La medida más popular (señalada por 7 de cada 10 personas) es la de incluir advertencias en los envases sobre los daños que el consumo puede producir en el organismo. Las mujeres son las más concienciadas ante las políticas contra el consumo de alcohol, con independencia de la edad.
  • Según datos de EDADES, el 77,3% de los chicos y el 75,1% de las chicas de 15 a 24 años ha consumido alcohol en el último año, mientras que el 65,2% de los chicos y el 60,0% de las chicas lo ha hecho durante el último mes.
  • Respecto a patrones de consumo de riesgo, como las borracheras autodeclaradas, entre los y las jóvenes de 15 a 24 años, el 39,0% de los chicos y el 31,4% de las chicas se ha emborrachado durante los últimos 12 meses, mientras que el 17,5% de los chicos y el 13,5% de las chicas refiere haberse emborrachado en el último mes.
Asumiendo que no hay un riesgo cero, el 19,1% de la población consume alcohol por encima del nivel de bajo riesgo
  • Considerando las diferencias fisiológicas y la capacidad de metabolizar el alcohol entre hombres y mujeres, los límites de consumo de alcohol de bajo riesgo se sitúan en un máximo de 20 g/día (2UBEs/ día) en hombres y 10g/día (1 UBE/día) en mujeres, asumiendo que no hay un riesgo cero. De acuerdo con dichos límites, el 80,9% de la población de 15-64 años que informa de las cantidades de alcohol consumidas presenta, según la información de la última edición de la Encuesta EDADES 2022, un consumo de alcohol por debajo del nivel de bajo riesgo, mientras que el 19,1% consume por encima de este nivel.
  • Las personas que consumen por encima del nivel de bajo riesgo presentan una edad media más baja, en especial entre las mujeres, y tienden a mostrar menor nivel educativo. Esta población presenta un mayor porcentaje de consumos intensivos y consumo de riesgo estimado en base a la escala AUDIT.
  • Entre la población que realiza un consumo de alcohol por debajo del nivel de bajo riesgo, hay un porcentaje de personas que presenta otros riesgos derivados de la realización de consumo intensivo (7,0% de borracheras y 18,6% de binge drinking en el último mes) o un consumo de riesgo estimado en base a la escala AUDIT (4,9%).
Encuesta sobre salud y consumo de drogas en población interna en instituciones penitenciarias (ESDIP 2022)

Además de la población general, existen determinados colectivos de población que por sus características especiales requieren una atención específica en la lucha contra el consumo de sustancias, esto es, la población penitenciaria privada de libertad.

  • El alcohol es la sustancia psicoactiva más consumida por la población penitenciaria previamente a su ingreso en prisión, y la que muestra la mayor reducción al ingresar en prisión: el 54,5% de la población penitenciaria lo ha consumido en los últimos 30 días antes de entrar en prisión, mientras que el 2,0% lo ha consumido dentro del centro penitenciario en el último mes. El consumo en prisión está más extendido entre los hombres y en la población penitenciaria menor de 35 años.
  • En lo que se refiere al tratamiento, estando en libertad, por consumo de alcohol, el 58,6% ha recibido terapia psicológica y/o grupos de apoyo, el 18,0% terapia con aversivos del alcohol, el 11,8% tratamiento con benzodiacepinas o anticonvulsivantes y el 11,6% terapia con fármacos para el “craving” (reducir el deseo) como naltrexona o acamprosato. Dentro de la prisión, el 81,8% ha recibido terapia psicológica y/o grupos de apoyo para tratar el consumo de alcohol, y el 18,2% tratamiento farmacológico que incluye terapia con aversivos del alcohol o tratamiento con benzodiacepinas o anticonvulsivantes o terapia con fármacos para el “craving”.
Ventas de bebidas alcohólicas
  • Los datos de la Agencia Tributaria muestran una tendencia general al alza en el volumen total de ventas de bebidas alcohólicas desde el año 2015, con 5.764 millones de litros vendidos en el año 2022. También la recaudación de impuestos sobre el alcohol también alcanza los valores máximos de la serie histórica estudiada.
  • Respecto a la distribución de las ventas totales por tipo de bebida alcohólica, los datos de 2022 muestran que la bebida con mayor volumen de consumo en España es la cerveza, que supone el 70,4% del total de ventas de bebidas alcohólicas), seguida del vino (incluyendo la sidra), que supone el 23,4% del volumen de ventas de bebidas alcohólicas, y, a bastante distancia, las bebidas derivadas (que incluyen las espirituosas y los licores), con un 5,2% del volumen total de ventas. Los productos intermedios, que incluyen el vermú y el moscatel, tienen una presencia residual del 1,0%.
Consumo problemático o de riesgo
  • De acuerdo con los autores del informe, “en este contexto de un consumo de alcohol generalizado en la población, preocupan especialmente los datos del consumo que es definido como de riesgo por diferentes entidades sanitarias”. Según la escala AUDIT, en 2022, el 6,0% de la población española de 15 a 64 años (7,2% en hombres y 4,8% en mujeres), presenta un consumo de riesgo de alcohol, lo que “permite estimar que, en 2022, había aproximadamente 1.900.000 consumidores de alcohol de riesgo en España (1.140.000 hombres y 760.000 mujeres)”.
  • Si se define el consumo de riesgo en función del consumo promedio diario o semanal, el 3,9% de la población de 15-64 años habría realizado un consumo de riesgo. En general, el consumo de riesgo es más frecuente en los hombres y entre las personas de menor edad.
Consecuencias del consumo de alcohol
  • En 2021, el alcohol fue responsable del 36,2% de las admisiones a tratamiento por abuso de sustancias en la red de atención a drogodependencias y adicciones en nuestro país, con un total de 25.140 admitidos. De ellos, casi 3 de cada 4 eran hombres.
  • Además, el alcohol estaba presente, junto con otras sustancias psicoactivas, en el 41,4% de los episodios de urgencias hospitalarias (6.209 episodios) relacionadas con el consumo de sustancias, afectando, principalmente, a menores de 25 años. Este porcentaje alcanza el 55% al considerar los casos de urgencias en los que se detectaba alcohol como única sustancia psicoactiva. Las sustancias que más presencia tienen son el cannabis, que se relaciona con el 44,5% los episodios de urgencias; seguido del alcohol, presente junto con otras sustancias psicoactivas en el 41,4% de las urgencias por consumo de sustancias; y la cocaína, que se relaciona con el 40,3% de los episodios analizados.
En los episodios de urgencias, el alcohol es la sustancia más frecuente en hombres y la segunda en las mujeres, después de los hipnosedantes
  • Analizando por separado los episodios de urgencias según el sexo, el alcohol es, con mucha diferencia, la sustancia más frecuente en los hombres (60,7%), y la segunda sustancia más frecuente (46,5%) en las mujeres, después de los hipnosedantes (49,7%).
  • El perfil de las personas que acuden al hospital por una urgencia relacionada con el consumo de alcohol es el de un hombre (69,6%) con una media de edad de 37,6 años. El 77,3% de los episodios acaba con alta médica, el 10,3% con alta voluntaria y el 9,9% con ingreso hospitalario. Los síntomas que presentan las personas atendidas en urgencias por consumo de alcohol como única sustancia psicoactiva, son, principalmente, vómitos o nauseas (25,8%), agitación, agresividad e irritabilidad (22,1%), pérdida de conciencia, síncope o coma (19,3%), ansiedad (18,5%), y en menor medida dolor abdominal (9,4%).
Consumo de alcohol y mortalidad
  • En 2021, a nivel nacional, se notificaron 1.046 defunciones, de las cuales el 78,0% eran hombres, con una media de edad de 46,7 años. El 26,9% de las defunciones mostraban indicios de suicidio, siendo este porcentaje mucho mayor entre las mujeres (50,3%) que entre los hombres (19,7%). En la mayoría (88,6%) de los casos que cuentan con información toxicológica, se detecta el consumo de más de una sustancia, principalmente, hipnosedantes, seguidos de los opioides, la cocaína y el alcohol.
  • El alcohol es una de las sustancias más detectadas en los análisis toxicológicos de los fallecidos con intervención judicial relacionados con el consumo intencional de sustancias (36,4% de los casos), con una frecuencia algo mayor en los hombres que en las mujeres. Los autores destacan en este punto que “las defunciones por reacción aguda a sustancias el alcohol sólo se registra cuando aparece junto con alguna otra sustancia”. 
Mortalidad atribuible al consumo de alcohol en España
  • Según el informe, se estima que, en 2021, se produjeron en España 13.887 muertes atribuibles a alcohol, la gran mayoría por cáncer o por enfermedades digestivas. Son mucho más frecuentes en hombres (sobre todo, en bebedores de riesgo) que en mujeres. El riesgo poblacional en 2021, medido por la tasa media anual de MAA estandarizada por edad, es de 32,9/100,000 personas-año, “lo que supone un descenso importante respecto los años 2001-2004 (-34,7%)”. Este riesgo poblacional es bastante mayor en hombres que en mujeres y se incrementa de forma considerable con la edad a partir de los 35-44 años.
  • Del conjunto de las muertes por todas las causas en nuestro país, en 2021, el 3,3% fueron atribuibles al alcohol (el 4,5% de las ocurridas en los hombres y el 1,6% en las mujeres), lo que evidencia que en España “el consumo de alcohol sigue representando una carga importante de enfermedad y muerte”.

Se puede acceder al informe completo desde la página Web de la DGPNSD o bien directamente aquí:

OEDA (2024). Monografía alcohol 2024. Consumo y consecuencias. Madrid: Ministerio de Sanidad. Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones. Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Dro[1]gas, 2024. 120 p